El hambre en Honduras dejó de ser una cifra escondida entre informes técnicos. Ahora tiene un mapa y en ese mapa aparecen con mayor intensidad Santa Bárbara, Choluteca, Lempira, Francisco Morazán, Comayagua y Cortés, territorios donde miles de familias rurales enfrentan una combinación que se volvió devastadora: sequías, inundaciones, cosechas perdidas y una economía incapaz de sostenerlas.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) advierte en su Plan de Emergencia y Resiliencia 2026-2028 que 150,839 hogares agrícolas, equivalentes a unas 643,480 personas, requerirán asistencia de emergencia durante los próximos meses de 2026.

Aunque la necesidad alcanza los 18 departamentos del país, casi la mitad de los hogares afectados se concentra en el Corredor Seco, mientras que Cortés sobresale por el impacto recurrente de las lluvias e inundaciones.

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Hambre en Honduras: departamentos donde la crisis es más profunda

El informe identifica que el 44 % de los hogares que necesitan ayuda urgente se encuentra en departamentos castigados por las sequías recurrentes.

Entre ellos destacan:

  • Santa Bárbara: 14,000 hogares.
  • Choluteca: 13,000 hogares.
  • Francisco Morazán: 12,000 hogares.
  • Comayagua: 12,000 hogares.
  • Lempira: 10,000 hogares.

A esta lista se suma Cortés, donde unas 25,000 familias viven bajo la amenaza constante de inundaciones que destruyen cultivos, viviendas y medios de vida.

No son únicamente números sobre un mapa, son comunidades donde una lluvia puede borrar meses de trabajo y una sequía puede dejar los graneros vacíos antes de la siguiente siembra.

mapa del hambre

La crisis ya no es solo climática

El documento sostiene que la emergencia rural se alimenta de varios problemas al mismo tiempo.

Casi la mitad de los hogares reportó dificultades para producir alimentos debido al exceso o la falta de agua, la escasez de fertilizantes y el avance de plagas.

Como consecuencia, miles redujeron las áreas de cultivo y obtuvieron cosechas menores que las del año anterior.

La situación tampoco mejora para quienes dependen del ganado, más de la mitad de los hogares consultados enfrentó problemas pecuarios.

Esto principalmente por enfermedades y muerte de animales, mientras otros reportaron inundaciones, pérdida de empleo o incluso el fallecimiento de un integrante de la familia.

Cuando el jornal deja de alcanzar

La vulnerabilidad también se explica por la forma en que sobreviven miles de familias rurales.

El 51 % depende del trabajo jornalero como principal fuente de ingresos y la mayoría no recibe remesas y tampoco conserva reservas suficientes de maíz o frijol para enfrentar una emergencia prolongada.

En ese escenario, el hambre deja de ser un problema estacional y se convierte en una amenaza permanente que obliga a muchas familias a vender sus pocos bienes, reducir la cantidad de comida o buscar otras formas de subsistencia.

la crisis

Una crisis que cambia de geografía, pero no desaparece

El mapa que dibuja la crisis no está hecho con líneas ni colores, sino con parcelas que ya no producen como antes, con corrales donde falta el ganado, con jornaleros que regresan a casa sin trabajo.

Pero lo más grave, con mesas donde cada comida depende de que la próxima cosecha no vuelva a fallar.

Mientras el clima cambia y la tierra responde cada vez menos, en buena parte del campo hondureño el hambre dejó de ser una amenaza del futuro: es una realidad cotidiana que miles de familias enfrentan todos los días.

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