Hay ausencias que el calendario no consigue volver pequeñas, dos años después del asesinato de Juan López, en la casa de su esposa e hijas todavía hacen falta sus abrazos, sus bromas y esa presencia cotidiana que desapareció violentamente el 14 de septiembre de 2024.

Para Thelma Peña, esposa del ambientalista hondureño, el paso del tiempo no significa acostumbrarse.

“Como familia, se vive un vacío, ausencia, mucho dolor, conforme pasa el tiempo se extraña más a la persona amada”, relató en una entrevista con ADN Celam.

Cuando le preguntaron qué extrañaban de él, la respuesta dejó por un momento fuera los expedientes judiciales, las audiencias y las investigaciones: “sus abrazos, sus bromas”.

Pero detrás del duelo familiar permanece una pregunta que, para Peña, Honduras todavía no termina de responder: ¿quién ordenó matar a Juan López?

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Juan López y la pregunta que las capturas no cierran

El asesinato ocurrió hace dos años en Tocoa, Colón, pero el proceso para determinar todas las responsabilidades continúa.

En mayo de 2026, el Ministerio Público informó sobre la captura de tres personas señaladas como presuntos autores intelectuales del crimen.

El expediente, sin embargo, avanzó en los tribunales y la audiencia preliminar se reprogramó para el próximo 1 de octubre.

Organizaciones también expresaron preocupación por las medidas cautelares otorgadas a dos de los procesados.

Para Thelma Peña, mientras no se esclarezca completamente quién estuvo detrás del asesinato, la justicia tiene una deuda con la familia de Juan López.

“Significa que vivimos en un país que no es capaz de investigar y proceder contra los autores intelectuales”, cuestionó.

La exigencia de la familia, por tanto, ya no se limita a conocer quién participó directamente en el crimen.

Busca llegar hasta quienes lo ordenaron y establecer las responsabilidades detrás del asesinato.

justicia
El clamor de justicia por el asesinato de Juan López no cesa en Honduras. Foto: cortesía.

De los ríos de Tocoa a una silla vacía en casa

Antes de que su nombre quedara ligado a un expediente criminal, Juan López dedicó años a la defensa ambiental en el Bajo Aguán.

Como coordinador del Comité Municipal en Defensa de los Bienes Comunes y Públicos y regidor de Tocoa, participó en la defensa de los ríos Guapinol y San Pedro, así como del Parque Nacional Montaña de Botaderos “Carlos Escaleras Mejía”.

Su actividad no estuvo libre de riesgos, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) advirtió sobre las amenazas que enfrentó debido a su labor.

El 14 de septiembre de 2024, esa historia cambió definitivamente para su familia y desde entonces, detrás del nombre convertido en símbolo de la defensa ambiental quedaron una esposa y dos hijas, Claudia Yadira y Julia Lineth, obligadas a aprender a vivir con su ausencia.

“Es peor dejar una lucha”

Dos años después, Thelma Peña no plantea abandonar la causa que defendía su esposo.

Reconoce que continuar implica riesgos, pero considera que detenerse también tendría un costo para quienes ya perdieron familiares en estas luchas.

“Solo decirles que sigan luchando aunque se sabe el riesgo que hay, pero es peor dejar una lucha que ha dejado mucho dolor en quienes hemos perdido a nuestros seres queridos”, expresó.

La familia intenta conservar también al Juan López que existía fuera de la exposición pública: el esposo, el padre y el hombre detrás del dirigente ambiental.

Peña enumera aquello que quiere preservar junto a sus hijas: “sus ideales, su compromiso con el pueblo, el amor por la vida, el respeto” y el amor por lo que él llamaba “nuestra casa común”.

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Dos años después, la memoria no sustituye la justicia

El legado de Juan López permanece en las causas que defendió y en una familia que se niega a dejar que su historia termine únicamente con la descripción de cómo murió.

Las capturas han movido el expediente, las audiencias deberán determinar responsabilidades y el proceso judicial continúa. Pero para Thelma Peña todavía falta llegar al fondo.

Mientras eso ocurre, en casa sobreviven los recuerdos sencillos: los abrazos, las bromas y las palabras que repetía Juan.

“El que no nace para servir no sirve para vivir”, recordó su esposa.

Dos años después, su familia puede mantener viva su memoria. Lo que no puede hacer es responder por sí sola la pregunta que le corresponde esclarecer a la justicia: quién dio la orden.

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