El 14 de junio de 2025, las autoridades de Róterdam en los Países Bajos, incautaron 2,950 kilogramos de clorhidrato de cocaína líquida ocultos en una carga de pulpa de fruta procedente de Brasil. No hubo detenidos. El cargamento de drogas líquidas, se valoró en más de 70 millones de euros, cruzó medio mundo con éxito hasta ser descubierto en uno de los puertos más vigilados de Europa.
Pero el caso, más allá de su volumen, alertó sobre una tendencia silenciosa y alarmante: el uso de drogas líquidas.
Este es un camuflaje químico por parte de los cárteles que usan para eludir controles aduaneros.
Así lo advierte en su informe el Centro Internacional Marítimo Contra el Narcotráfico, (CIMCON), de la Armada Colombiana.
Drogas líquidas que reinventa el narcotráfico
La estrategia es simple en apariencia pero altamente sofisticada: disolver cocaína, metanfetamina, heroína u otras sustancias en solventes como agua, alcohol o aceites, y ocultarlas en productos legales como vino, jugos, champús o gasolina.
En el país destino, la droga se cristaliza nuevamente y se recupera hasta en un 90%. Esta técnica se documentó en Venezuela, Argentina, México, Pakistán y Países Bajos, con decomisos que muestran su expansión a nivel global.
Las Organizaciones Criminales Transnacionales (OCT) la prefieren porque les permite:
- Camuflar cargamentos sin levantar sospechas
- Pasar por rayos X, fluoroscopía o perros antinarcóticos sin ser detectadas
- Usar rutas legales de exportación desde países con infraestructura débil o puertos poco inspeccionados.
¿Y Honduras? Un punto ciego sin detección confirmada
Aunque Honduras no se menciona directamente en el caso de Róterdam, expertos consultados advierten que el país reúne condiciones perfectas para que esta modalidad ya esté en uso.
La alerta no es menor: Honduras exporta productos como frutas, jugos, aceites y licores.
Tiene puertos con escaso personal técnico, baja tecnología y alta rotación comercial. No cuenta con espectrómetros portátiles ni laboratorios especializados en puntos clave, y la corrupción estructural facilita la infiltración criminal.
La gran pregunta no es si Honduras está siendo utilizada, sino cuánto tiempo falta para que lo comprobemos.
Drogas: las hallan en frutas, gasolina y hasta ropa como camuflaje
La tecnología actual de inspección es insuficiente para enfrentar esta amenaza. Las drogas líquidas pueden cruzar fácilmente fronteras.
Por eso recomiendan usar espectrometría de masas, cromatografía o tomografía computarizada multidetector (MDCT), técnicas costosas y escasas en los países del sur.
Mientras tanto, los cárteles aprovechan las rutas de exportación de productos legales para infiltrar sus cargamentos ilícitos sin riesgo.
En Ecuador, por ejemplo, solo se inspecciona el 17% de los contenedores que salen del puerto de Guayaquil.
En Honduras, no hay datos públicos que indiquen cuántos contenedores se inspeccionan ni con qué herramientas, pero la limitada capacidad operativa y la alta carga comercial elevan la vulnerabilidad.
Lea también: Escasa prevención y tratamiento de drogas en Honduras, señala informe
Una alerta silenciosa que urge atención en Honduras
La baja tasa de incautaciones de drogas líquidas no significa que los envíos disminuyan.
Al contrario, los especialistas advierten que el crimen organizado perfecciona sus métodos y aprenden a evadir los controles actuales.
Cada cargamento que cruza sin ser detectado representa millones de dólares que financian armas, violencia y corrupción.
Honduras debe reaccionar ahora. El país necesita capacitar personal, invertir en tecnología portátil de detección.
El país debe establecer controles aleatorios más profundos y colaborar internacionalmente en el seguimiento de rutas sospechosas.
Si Honduras no actúa pronto, corre el riesgo de convertirse en una plataforma inadvertida del tráfico químico internacional, sin saberlo, sin poder evitarlo.
Porque esta amenaza no se ve. No se huele. No suena en los escáneres. Solo se combate con inteligencia, tecnología y voluntad.
