En El Progreso, Yoro, muchos lo conocían como un albañil más, un hombre que levantó paredes con paciencia y destreza. Pero en la Tegucigalpita, sector de Cuyamel en Omoa, Cortés, su nombre era sinónimo de muerte.
René Nixoly Martínez Alcántara, de 34 años, carga con un alias que causó escalofríos: El Profe.
Las autoridades lo capturaron en 2020, pero ya entonces el daño estaba hecho. En 2019, dejó tras de sí al menos seis vidas apagadas.
Sus víctimas: Jonathan Francisco Anino Ortiz, Dagoberto Bonilla Lara, Ingrid Paola Alfaro Gámez, Artemio Fuentes Chavarría y dos personas más que jamás pudieron ser identificadas.
Cada una de estas muertes encajó en el mismo patrón de un asesino serial que sabía cómo moverse en silencio.
El albañil y su método de asesino serial
El término asesino serial empezó a repetirse en los informes policiales al descubrir que El Profe o el albañil, operó con un patrón calculado.
Elegía a sus víctimas, aprovechaba los pasos fronterizos y desaparecía sin dejar huella. No dejó rastros, solo cuerpos.
Su doble vida: albañil por el día, verdugo por la noche, lo hizo invisible para quienes no conocían su historia, mientras que en los corredores del crimen se identificó como un sicario temido.
El asesino serial que cruzó a Guatemala
La sombra de El Profe se extendió más allá de Honduras. En Izabal, Guatemala, las autoridades lo identificaron como un operador de confianza de estructuras criminales.
Su capacidad para confundirse entre comunidades rurales y moverse sin ser detectado reforzó la imagen de un asesino serial que dominó la frontera como un cazador experimentado.
En aldeas y caseríos, su nombre circuló como advertencia: un hombre capaz de compartir la vida cotidiana y, al mismo tiempo, cargar con una lista de condenas de muerte.
El asesinato de Mirna Suazo y el impacto comunitario
Entre los crímenes que más estremecieron al país figura el asesinato de Mirna Teresa Suazo, presidenta del patronato de Masca, comunidad garífuna de la costa norte.
El ataque, ocurrido en septiembre de 2019, sacudió a la región y expuso hasta dónde podían llegar las redes que protegían al asesino serial.
Las investigaciones apuntan a que El Profe tuvo participación directa en el atentado, sumando un caso emblemático a su historial sangriento.
Para las comunidades garífunas, la sospecha de su implicación fue una herida abierta que aún no sana.
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Captura del asesino serial y dudas pendientes
La detención de René Nixoly Martínez en 2020 se presentó como un triunfo para la justicia hondureña.
Sin embargo, dejó abiertas múltiples interrogantes: ¿cuántos crímenes no confesados permanecen en la sombra? ¿Qué tanto operó en Guatemala bajo el mismo patrón letal?
Su captura no borró el miedo. Las cicatrices de su paso como asesino serial siguen presentes en Omoa, Izabal y Masca, donde aún se recuerda la huella de sangre que dejó tras de sí.
Su legado no es solo el de múltiples homicidios, sino también el del miedo en comunidades que aprendieron a vivir bajo su sombra.
Porque cada nombre en su lista representa no solo una víctima, sino familias enteras quebradas por la mano de un hombre que convirtió la frontera en un territorio de terror.
