Lo que ocurrió en el albergue conocido como “El Refugio”, no comenzó con un operativo ni con una orden de captura, sino con una denuncia que, lejos de quedarse en el papel, obligó a las autoridades a mirar de frente lo que muchos prefieren ignorar.

El testimonio llegó a la Fiscalía de la Niñez y Adolescencia en la Regional Norte con un señalamiento concreto: dentro del albergue, ubicado en el sector Ticamaya de Choloma, se repetían conductas inapropiadas por parte de quienes tenían bajo su responsabilidad el cuidado de niños.

No era una acusación aislada ni una percepción sin sustento, era una alerta que, por su gravedad, exigía actuar sin demora.

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El albergue y una investigación que se construyó desde las víctimas

El caso se asignó al Grupo de Investigación de Delitos Contra la Libertad Sexual y Trata de Personas de la ATIC en San Pedro Sula, donde los agentes comprendieron desde el inicio que no bastó verificar los hechos, sino que era imprescindible detener cualquier posible continuidad del daño.

"Las primeras diligencias se enfocaron en recoger testimonios y contrastarlos con otras fuentes", explica uno de los agentes.

Rápidamente se hizo evidente que la investigación debía escalar hacia medidas más complejas, ya que los indicios apuntaron a una dinámica repetida y no a hechos aislados.

Fue entonces cuando se incorporó el apoyo de Medicina Forense, que realizó evaluaciones físicas y psicológicas a los menores.

"Ese fue un paso clave que permitió convertir los relatos en evidencia técnica y sostener jurídicamente lo que hasta ese momento se configuraba como un patrón de abuso", señala el investigador.

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Los agentes de la ATIC durante la inspección al albergue en Choloma, Cortés. Foto: cortesía.

El punto de quiebre: cuando los relatos coinciden

A medida que avanzaron las diligencias, las declaraciones de los menores comenzaron a coincidir en elementos fundamentales, lo que terminó por desmontar cualquier intento de minimizar lo ocurrido.

"Los testimonios describían agresiones sexuales continuadas, tratos degradantes y una omisión evidente por parte de quienes debían impedir los hechos o denunciarlos", explica un agente.

Esto consolidó la hipótesis de que no se trataba de episodios aislados, sino de una situación sostenida en el tiempo.

Ese momento marcó el punto de quiebre de la investigación, porque a partir de ahí la prioridad dejó de ser el esclarecimiento de los hechos y pasó a proteger a los menores para evitar más vulneraciones.

Allanamientos urgentes para frenar lo que seguía ocurriendo

Con los elementos reunidos, los agentes solicitaron autorizaciones judiciales para ejecutar allanamientos de manera simultánea.

Esa fue una decisión que respondía a la urgencia de preservar pruebas, evitar su alteración y garantizar la protección inmediata de los niños.

El 15 de abril de 2026, equipos de ATIC, SENAF y la Policía Militar del Orden Público intervinieron tanto el albergue como la vivienda donde residía la pareja señalada.

"Esa fue una operación que no solo buscó capturas, sino cerrar el círculo de la investigación con evidencia sólida", relata el agente.

Durante estas acciones se completaron inspecciones, entrevistas y medidas de protección para los menores, lo que permitió consolidar el informe que posteriormente fue remitido a la Fiscalía Especial de la Niñez y Adolescencia.

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Más allá de los capturados: lo que deja al descubierto el caso

Las órdenes de captura se giraron contra los supuestos responsables: Christoph Oliver Wittwerck, Petrona Betulia Bautista, la psicóloga Fanny Maribel Tábora y el docente de matemáticas Jimmy Emanuel Romero.

El fondo de esta historia no está en las detenciones, sino en lo que revela sobre un sistema que falló.

El caso expone cómo un espacio diseñado para resguardar a niños en situación de vulnerabilidad pudo convertirse en un entorno de riesgo.

No se activaron los controles efectivos a tiempo, dejando en evidencia vacíos institucionales que no pueden seguir repitiéndose.

Porque, al final, la pregunta no es quiénes fueron capturados, sino cuántas señales se ignoraron antes de que todo saliera a la luz.

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