Durante años fue apenas un susurro en las calles de El Paraíso, Copán, o una anécdota fugaz en algún caserío de Florida, y también en Santa Bárbara: “El Chapo estuvo aquí”.

Pero el miedo selló las bocas. Solo con el paso del tiempo, cuando los protagonistas cayeron y los juicios en Nueva York empezaron a ventilar secretos, Honduras comprendió que la historia no era un mito.

Joaquín Archivaldo Guzmán Loera, el narcotraficante más famoso del siglo XXI, sí visitó Honduras.

Los registros judiciales, los testimonios de narcos y las declaraciones de exaltos mandos de seguridad lo dejan claro: Honduras fue parte de su ruta y su plataforma de expansión.

El año en que retumbó el silencio

Fue en 2008 cuando las historias comenzaron a ganar fuerza en los departamentos de Copán y Santa Bárbara.

En esa época, explica un agente de inteligencia, "el control institucional era débil, las fronteras estaban porosas y los carteles mexicanos operaban en coordinación con los hondureños, como Los Valle Valle, afincados en El Espíritu, Copán, y Alexander Ardón, entonces alcalde de El Paraíso".

Las visitas del Chapo eran breves, cuidadosas y planificadas. Evitó dejar huella. Llegó a veces por aire, otras por tierra, muchas veces acompañado por su círculo más íntimo.

Pero su paso dejó rastros en forma de fiestas privadas, reuniones estratégicas y movimientos logísticos.

De los susurros a los tribunales

En 2019, durante el juicio contra Tony Hernández en Nueva York, Alexander Ardón testificó bajo juramento que Guzmán Loera visitó Honduras.

Pero, además, que entregó un millón de dólares en efectivo al entonces diputado Juan Antonio “Tony” Hernández para la campaña de su hermano, Juan Orlando Hernández.

En otro juicio, Jesús “El Rey” Zambada también confirmó la existencia de rutas hondureñas clave para el trasiego de cocaína hacia el norte.

Eran rutas que se consolidaron con la bendición de autoridades corruptas y el silencio impuesto por el terror.

Pero no fueron solo los capos los que hablaron. El general Romeo Vásquez Velásquez, exjefe del Estado Mayor Conjunto, reconoció públicamente que existían reportes de inteligencia militar sobre la presencia del Chapo en Honduras.

Ramón Sabillón, exdirector de la Policía Nacional y exministro de Seguridad, además de pieza clave en la captura de varios extraditables, también confirmó que la DEA tenía trazado el recorrido de Guzmán Loera por territorio hondureño, y que ese era un secreto a voces en los círculos de seguridad.

Los tentáculos en el Estado

La estructura estatal fue, poco a poco, cooptada. Desde policías locales hasta altos funcionarios recibieron sobornos, protección o los intimidaron.

El narcotráfico dejó de ser un negocio periférico para convertirse en una fuerza que moldeó la política, las fuerzas de seguridad y la justicia hondureña.

Los pactos, las rutas y los vínculos del Chapo con narcos locales no solo fortalecieron a los carteles hondureños, sino que consolidaron al país como un enclave estratégico para el trasiego de droga hacia México y Estados Unidos, dice a tunota.com un agente de inteligencia.

Y aunque hoy Guzmán cumple cadena perpetua en la prisión de máxima seguridad ADX Florence, su influencia en Honduras no desapareció con su captura.

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Cuando el mito se convirtió en historia

Hoy, las comunidades que una vez callaron por miedo, recuerdan. Las historias de aquel hombre bajo, de sombrero y botas, resguardado por hombres armados, ya no se cuentan en voz baja.

La evidencia es contundente, confirma el agente. El mito cayó. El Chapo sí estuvo aquí, y su paso fue decisivo para el rumbo que tomó el narcotráfico en Honduras.

Los testimonios están documentados, los nombres salieron a la luz y los silencios se rompieron.

Honduras fue, y en parte sigue siendo, tierra fértil para los capos. Y el más famoso de todos no fue la excepción.