Una bala puede quedar alojada en una pared, un casquillo, tirado sobre el pavimento y una huella puede sobrevivir donde el responsable creyó no dejar nada.
El crimen deja rastros, pero encontrarlos es apenas el primer paso: el verdadero desafío comienza cuando hay que compararlos, conectarlos y convertirlos en evidencia capaz de llevar a un sospechoso.
En Honduras, esa capacidad tecnológica es uno de los puntos bajo discusión alrededor de la investigación criminal.
Mientras la Policía Nacional asegura que mantiene una estrategia de prevención, intervención y focalización en los sectores con mayor incidencia delictiva, el analista en seguridad José Ponce Alvarado advierte sobre una debilidad: las herramientas tecnológicas necesarias para hacer que las evidencias encontradas en distintas escenas puedan "hablar" entre sí.
No se trata únicamente de tener policías en la calle, se trata de lo que ocurre después de un homicidio, un asalto u otro delito.
Es saber qué se hace con una huella, cómo se compara un casquillo y hasta dónde puede seguirse científicamente el rastro que deja un criminal.
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Crimen: IBIS y AFIS, tecnología detrás de casquillos y huellas
Ponce Alvarado sostiene que Honduras necesita fortalecer y actualizar las capacidades tecnológicas que utilizan en los laboratorios criminalísticos de la Policía Nacional y el Ministerio Público.
“Todos los países del mundo acuden a la tecnología para hacer investigación criminal. Aquí se abandonó la tecnología en los laboratorios criminalísticos de la Policía Nacional y del Ministerio Público”, cuestionó.
El analista mencionó dos herramientas particularmente importantes: IBIS y AFIS.
IBIS permite trabajar con información balística para comparar evidencia relacionada con armas de fuego, mientras AFIS facilita la búsqueda y comparación automatizada de huellas dactilares.
En términos prácticos, este tipo de tecnología puede ayudar a establecer conexiones que a simple vista resultarían imposibles.
Es determinar, por ejemplo, si evidencia balística recuperada en diferentes hechos presenta coincidencias que ameriten profundizar una investigación.
Pero Ponce Alvarado sostiene que el problema hondureño va más allá de poseer determinados programas.
También cuestiona la capacidad de conectar bases de datos que podrían aportar información a una investigación.
“Se imagina que tenemos un buen sistema en el Registro Nacional de las Personas y no se está actuando correctamente, la Policía no puede conectar este sistema con el sistema que tiene el Registro Nacional de las Personas”, afirmó.
También puso sobre la mesa el Registro Nacional de Armas, al considerar que la información disponible debe acompañarse de herramientas tecnológicas capaces de aprovecharla durante las investigaciones.

La escena del crimen también necesita tecnología
La discusión no termina en las huellas dactilares o los casquillos, Ponce Alvarado señala que la investigación moderna requiere herramientas especializadas para documentar, procesar y analizar una escena del crimen.
“Es imposible hacer proyecciones y hacer comparaciones de casquillos y balas”, advirtió al referirse a las limitaciones que, según él, enfrenta actualmente el país.
Su crítica apunta a un problema de fondo: un indicio encontrado no necesariamente resuelve un crimen por sí mismo.
Su valor aumenta cuando puede compararse con otras evidencias, bases de datos, antecedentes y casos ocurridos incluso meses o años antes.
Por eso, para el analista, Honduras todavía tiene terreno por recuperar. “En Honduras estamos en pañales porque el problema está en que se olvidó o abandonó la investigación criminal”, cuestionó.
Ponce Alvarado considera que el fortalecimiento tecnológico debe caminar acompañado de la preparación de nuevos investigadores.
Además del intercambio de capacidades con países que cuentan con mayores recursos para enfrentar estructuras criminales.
Según explicó, autoridades hondureñas hablan de buscar cooperación de instituciones estadounidenses especializadas en investigación, inteligencia y combate al crimen organizado.
Para el analista, recurrir a esa cooperación también deja al descubierto las limitaciones internas que Honduras necesita superar.
Policía defiende estrategia de focalización contra el crimen
Desde la Policía Nacional, sin embargo, la lectura es distinta, Juan Francisco Turcios reconoce que existen dificultades, pero sostiene que la institución mantiene una estrategia que combina prevención, intervención y focalización.
Según Turcios, existe una estrategia gubernamental acompañada por una estrategia policial que ya se aplica.
Uno de sus componentes consiste precisamente en identificar los territorios donde se concentra la actividad delictiva para dirigir allí las intervenciones.
El funcionario defiende que, pese a las deficiencias existentes, la Policía trabaja y fortalece progresivamente las acciones destinadas a mejorar la seguridad de la población.
Pero mientras la focalización permite determinar dónde golpea el crimen, el planteamiento de Ponce Alvarado abre otra discusión.
Qué capacidad existe para reconstruir científicamente lo sucedido después de que el delito ya se cometió, esos son dos frentes diferentes de una misma batalla.

90 mil jóvenes: la apuesta antes de que aparezca el delito
La estrategia policial también intenta intervenir mucho antes de que exista una escena criminal.
Turcios asegura que mediante la Policía Escolar se trabaja con aproximadamente 90 mil jóvenes en acciones de orientación y prevención.
Los programas incluyen prevención de violencia de género, consumo de drogas, incorporación a pandillas, trata de personas y riesgos en espacios cibernéticos.
La apuesta es de largo plazo: evitar que niños y jóvenes terminen atrapados en dinámicas que puedan acercarlos a la violencia y la criminalidad.
Trabajo preventivo
Ese trabajo preventivo, sin embargo, responde a una parte del problema, la otra comienza cuando la prevención falla y ocurre el delito.
Allí ya no basta con saber dónde operan los grupos criminales ni dónde deben concentrarse los patrullajes.
Entra en juego la capacidad del Estado para levantar correctamente una evidencia, procesarla, compararla y descubrir qué historia esconde.
Un casquillo puede parecer apenas un pequeño trozo de metal abandonado después de los disparos.
Una huella puede pasar inadvertida entre decenas de indicios, pero detrás de ellos se esconde la conexión entre un arma y varios hechos, o entre una persona y una escena.
El crimen deja huellas, el desafío para Honduras es tener la tecnología, los investigadores y los sistemas capaces de lograr que esas huellas conduzcan a algún lugar.
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