Fue el 5 de diciembre de 2020 cuando la doctora Cristina Guadalupe Ponce Martínez, de 47 años, salió de un supermercado en La Ceiba sin imaginar que caminaba hacia su final. Aquella tarde se perdió su rastro, y con él comenzó una de las historias más dolorosas que recuerdan los ceibeños: el crimen de una hermana a manos de otra.

El caso sacudió a toda Honduras. Durante días, familiares y amigos difundieron su fotografía con la esperanza de encontrarla con vida.

Pero el hallazgo de su cuerpo, una semana después, en una zona pantanosa de la colonia Villa Neen, derrumbó toda esperanza. A Cristina la asesinaron poco después de desaparecer.

Lidia Ponce, la hermana que planeó el crimen

El crimen parecía obra del crimen organizado, como tantos otros que han golpeado la costa norte.

Los secuestradores exigieron un millón de lempiras por su liberación. Sin embargo, los investigadores comenzaron a notar inconsistencias.

Durante un allanamiento en la casa de Lidia Ponce Martínez, hermana de la víctima, hallaron parte del dinero del rescate.

Aquello no era un error menor: era el hilo que empezó a desenredar una historia de traición y codicia.

Las pruebas apuntaron a que el secuestro se planeó desde dentro de la familia. Lidia, junto a su pareja sentimental Jemie Romero y el hijo de esta, Brayan Leedford Edward Romero, organizaron el secuestro de Cristina para apropiarse de una herencia familiar.

FESCCO: un secuestro fingido, una muerte real

Según la investigación de la Fiscalía Especial Contra el Crimen Organizado (FESCCO), a la doctora la asesinaron poco después de ser privada de su libertad.

El cobro del rescate fue solo una maniobra para despistar a las autoridades y hacer creer que el crimen lo cometieron delincuentes comunes.

El cuerpo lo abandonaron en una zona pantanosa para borrar evidencias, pero la verdad se abrió paso.

La confesión de Elvin Eladio López Torres, quien ejecutó el secuestro por encargo, confirmó el plan.

López admitió su participación, reveló el sitio donde dejaron el cuerpo y describió la forma en que la conspiración la dirigió la hermana de la víctima.

Justicia para Cristina Guadalupe Ponce

Cuando el caso llegó a los tribunales, el país ya conocía el desenlace. Los jueces dictaron cadena perpetua a Lidia Ponce Martínez, Jemie Romero y Brayan Romero, al confirmarse su participación directa en el secuestro y asesinato de la doctora.

Durante las audiencias, Lidia intentó defenderse, aseguró que era inocente y que “confiaba en Dios que saldría bien librada”.

Pero las pruebas la dejaron sin salida, porque su destino se selló el día que planificó el secuestro de su propia hermana.

La disputa por una herencia fue el motivo que desató la tragedia, se transformó en una condena moral y legal que marcó a toda una familia.

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Lo que alguna vez fue un hogar lleno de recuerdos, quedó reducido a silencio, vergüenza y ausencia.

La doctora Cristina Guadalupe Ponce la recuerdan sus colegas como una mujer noble y entregada a su profesión.

Su historia, más que un expediente judicial, es una advertencia sobre cómo la ambición puede nublar la razón y convertir el amor en venganza.

Hoy, los implicados cumplen su cadena perpetua, mientras el nombre de Cristina sigue vivo en la memoria de quienes la conocieron.

Su historia no solo habla de un crimen, sino de una elección fatal: el día en que una hermana eligió la herencia y perdió su libertad.