En los documentos judiciales no aparece una firma elegante ni un nombre escrito con letra temblorosa. Aparece una huella. Durante años, así se ha registrado el paso de Esteban Gumercindo Ferrera Rodas, alias "El Diablo", por expedientes y procesos judiciales.
Según fuentes vinculadas a investigaciones “El Diablo” no sabe leer ni escribir, por lo que, donde otros colocaban su nombre (en diligencias oficiales), él estampa su dedo entintado.
Hoy, esa misma persona tiene a la Policía Nacional desplegada en montañas, caminos rurales y corredores estratégicos entre Yoro y Francisco Morazán.
La contradicción parece sacada de una novela criminal: un hombre que nunca aprendió a firmar se convierte en uno de los fugitivos más buscados de un país.
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"El Diablo", de hombre anónimo a objetivo nacional
Durante años, fuera de ciertos círculos locales, el nombre de Esteban Ferrera, originario de Marale, pasó desapercibido.
Pero en los últimos meses “El Diablo” comenzó a aparecer con fuerza dentro de reportes de inteligencia y operativos policiales vinculados al denominado “Cártel del Diablo”.
Esa estructura señalada por las autoridades de operar en zonas estratégicas de Yoro y expandirse hacia Francisco Morazán y Comayagua.
El ministro de Seguridad, Gerzon Velásquez, confirmó que la organización es una prioridad para las fuerzas de seguridad debido a su nivel de movilidad y presencia territorial.
La persecución que ya involucra helicópteros
La búsqueda no ocurre únicamente sobre caminos rurales, también se desarrolla desde el aire.
Fuentes de seguridad confirmaron que helicópteros forman parte de las operaciones desplegadas para ubicar al presunto cabecilla criminal.
Mientras agentes de la Dirección Policial de Investigaciones (DPI) realizan rastreos en zonas boscosas y corredores montañosos considerados estratégicos.
“Vamos a llegar hasta esos individuos, no habrá rincón donde esconderse”, afirmó el director de la DPI, Rolando Ponce Canales.
La Policía mantiene vigente una recompensa de 300 mil lempiras por información que conduzca a la captura de "El Diablo".
Un liderazgo construido lejos del perfil tradicional
Dentro de las investigaciones hay un elemento que llama especialmente la atención de agentes y analistas: el perfil de “El Diablo” rompe con la imagen clásica del criminal sofisticado o del jefe criminal rodeado de lujo y exposición.
Las fuentes consultadas coinciden en que su fuerza no está en discursos, estudios o grandes apariciones públicas, sino en el control de territorio.
"La capacidad de movilizar personas y el conocimiento de rutas rurales utilizadas históricamente por estructuras criminales, lo fortalece", dice un agente.

La paradoja detrás del hombre más buscado
Mientras helicópteros sobrevuelan montañas y equipos tácticos recorren caminos de tierra buscando pistas, hay un detalle que sigue llamando la atención dentro de la historia de alias “El Diablo”.
No es únicamente la persecución, es la paradoja. Porque el hombre que hoy obliga al Estado a desplegar recursos, inteligencia y operativos de alto impacto no dejó firmas en los expedientes judiciales.
Dejó huellas y quizá allí está el verdadero símbolo de esta historia: un país donde, muchas veces, las estructuras criminales crecieron en territorios olvidados, lejos de las aulas, pero lo suficientemente cerca del abandono como para construir poder desde las sombras.
