El peligro no siempre espera al motorista en una esquina ni aparece desde fuera de la ruta. En este caso, según las investigaciones, iba sentado al volante. Alexander Anderson Chávez Hernández, alias “Brócoli”, trabajaba como conductor de microbuses en La Lima, Cortés.

"Brócoli", compartía el oficio con otros transportistas y conocía desde adentro un sector castigado por la extorsión.

Esa cercanía, terminó en el centro del caso por el que ahora pasará 15 años en prisión.

Las autoridades sostienen que durante seis años aprovechó su trabajo para conocer los movimientos de las empresas y amenazar a compañeros de ruta.

Sus víctimas, por tanto, no eran desconocidos: eran personas que se ganaban la vida en el mismo rubro que él.

“Brócoli” aceptó los hechos mediante un acuerdo de estricta conformidad. El Tribunal de Sentencia en Materia de Criminalidad Organizada, Medio Ambiente y Corrupción le impuso 15 años de reclusión y una multa de 10 mil lempiras por extorsión.

Cumple la condena en la Penitenciaría Nacional de Ilama, Santa Bárbara, conocida como “El Pozo”.

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"Brócoli" y la extorsión metida en la misma ruta

La investigación ubica a “Brócoli” operando durante aproximadamente seis años. Su empleo como motorista le permitía conocer su dinámica y observar el movimiento cotidiano de las empresas.

Los cobros alcanzaron a transportistas de las rutas de La Lima, Ciudad Planeta, El Progreso y San Pedro Sula.

Ahí está la particularidad del caso: mientras los motoristas enfrentaron la presión de pagar para trabajar, uno de los hombres que compartía carreteras, paradas y jornadas con ellos se vinculó al mismo mecanismo que los asfixió.

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El último recorrido de “Brócoli” terminó en La Lima

El 17 de febrero de 2026, la aparente doble vida del conductor llegó a su fin. Lo capturaron en el bulevar del Este, específicamente en la colonia Jerusalén, en La Lima.

Al momento de la detención, las autoridades reportaron el decomiso de dinero en efectivo, un teléfono celular con el que presuntamente coordinó los chantajes y la unidad de transporte que conducía.

La investigación lo vinculó con la Pandilla 18 y finalmente, Chávez Hernández aceptó su responsabilidad mediante el acuerdo de estricta conformidad que derivó en la condena.

condena ejemplar
Esta es la primera condena que se dicta bajo las nuevas reformas contra la extorsión en Honduras. Foto: Policía Nacional.

De compañero de ruta a condenado por extorsión

Las autoridades presentaron el fallo como la primera condena de impacto contra un integrante del sector transporte.

El dato judicial, sin embargo, no alcanza a contar lo más áspero del expediente: el condenado pertenecía al mismo sector de quienes eran extorsionados.

Durante seis años, “Brócoli” pudo moverse entre rutas y transportistas sin ser un extraño. Conocía el oficio porque era el suyo; conocía el movimiento porque formaba parte de él.

Al final, el hombre que compartía el volante con el sector terminó aceptando que también estaba del otro lado del cobro. La ruta que conocía de memoria acabó llevándolo a 15 años en El Pozo.

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