El cuarto día de juicio por sobornos contra el empresario estadounidense Carl Zaglin dio un giro cuando el exbanquero Aldo Marchena mostró una hoja de cálculo en la que detalló las transacciones que realizó en el 2017, relacionadas con los contratos de uniformes para la Policía hondureña.
En esa tabla aparecían transferencias directas de Atlanco hacia sus cuentas, depósitos a empresas en Belice vinculadas a Francisco Cosenza, pagos en efectivo por 98,500 dólares (unos 2.5 millones de lempiras).
Además, una carta de crédito cercana a los 209,000 dólares (unos 5.4 millones de lempiras) a nombre de Luis Berkman, exejecutivo de la compañía.
El detalle de lo ocurrido en el cuarto día de juicio contra Carl Zaglin lo describe el periodista Samuel Rubenfeld, quien da cobertura a este proceso judicial en la corte del Distrito Sur de Florida.
Al explicar los registros, Marchena fue contundente: él ejecutó las instrucciones que recibía de Berkman, sin cuestionar el origen ni el destino del dinero.
“¿Hiciste lo que te dijo?”, le preguntó el abogado defensor. “Sí”, respondió. Con esas líneas de Excel se marcó la ruta que desnuda cómo Atlanco financió el esquema de sobornos en la Tasa de Seguridad.
Berkman admitió sobornos a funcionarios en juicio contra Zaglin
El testimonio de Marchena se enlazó con el de Luis Berkman, exvicepresidente de ventas internacionales de Atlanco, quien relató cómo junto a Zaglin y al fallecido presidente Bryan DeHart decidieron pagar sobornos para asegurar contratos en Honduras por casi 11 millones de dólares.
“Todo lo que implicó dinero tenía que ir al señor Zaglin para obtener la aprobación”, afirmó Berkman, al recordar que fue él quien sugirió a Marchena como intermediario para mover el dinero.
Berkman admitió que entregó directamente sobornos a Cosenza, incluyendo pagos en Miami, un viaje de pesca y vuelos pagados. Cada movimiento, aseguró, lo compartía con su jefe Zaglin.
Viajes y correos electrónicos confirmaron la corrupción en Honduras
El jurado también escuchó cómo Zaglin y Berkman intercambiaron correos electrónicos sobre las dificultades de cobrar al gobierno hondureño y sobre la manera en que Marchena debía mover los fondos.
En uno de esos mensajes, Zaglin confirmó la transferencia de 299,000 dólares (unos 7.8 millones de lempiras), a Marchena y preguntó si el dinero llegó a “las personas que tuvieron la reunión de ayer a las 6 p. m.”.
Berkman respondió: “Sí, señor, ya lo saben”. Ese intercambio confirmó que los pagos se dirigieron a los funcionarios hondureños.
Uniformes defectuosos se resolvieron con sobornos en contratos policiales
El retrato de corrupción incluyó un detalle insólito: los uniformes, botas y fundas entregados a la Policía hondureña presentaron graves problemas de calidad,.
Esos uniformes se destiñeron tras los primeros lavados o deshaciéndose con el uso y pese a que se denunció, no se hizo nada.
Según Berkman, incluso esas fallas se resolvieron con sobornos. Los funcionarios que debían reclamar la mala calidad recibieron pagos a través de Marchena, y las quejas quedaron neutralizadas.
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El juicio contra Zaglin revela cómo operó Atlanco en Honduras
El proceso contra Carl Zaglin en Miami expone un esquema internacional de sobornos que atravesó correos, vuelos, viajes de pesca y hojas de Excel.
Marchena y Berkman, con testimonios directos, dejaron claro que el dinero fluyó de Atlanco hacia las manos de funcionarios hondureños.
El caso seguirá durante varias semanas, pero el mensaje inicial del juicio es contundente.
A la Policía hondureña no solo la vistieron con uniformes de mala calidad, sino con contratos manchados por corrupción documentada hasta en el último centavo.
