Nadie en el barrio madrileño de Puente de Vallecas sospechó demasiado de aquel hombre al que algunos conocían simplemente como “El Gordo”.
Pasaba los días entre sacos de mezcla, herramientas y construcciones, mezclado entre obreros latinoamericanos que sobreviven lejos de casa.
Para muchos era apenas otro migrante trabajando sin papeles en reformas improvisadas y jornadas interminables.
Pero detrás del polvo y el cemento se escondía otra historia, una que comenzó en Honduras entre disparos, persecuciones y sangre.
Arnold Josué Solís Puerto, alias “El Gordo”, figuró desde hacía años entre los criminales más buscados de Honduras.
Las autoridades lo señalaron como integrante de la banda Los Aguacates, una estructura criminal que opera en el norte del país y que se relaciona con sicariato, tráfico de drogas y extorsión.
Mientras en Madrid intentó pasar desapercibido como albañil, en Honduras era un objetivo de búsqueda internacional.
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"El Gordo" y el doble crimen que marcó su fuga
La historia que terminó llevándolo hasta España comenzó el 19 de marzo de 2022 en Tacamiche, Cortés.
Ese día, según las investigaciones policiales, hombres armados interceptaron a los guardias de seguridad Javier Antonio Mejía Herrera y Jerson Normando Escobar Hernández.
Ambos fueron atacados a disparos y murieron en la escena, las pesquisas terminaron apuntando hacia Solís Puerto como uno de los supuestos responsables del doble asesinato. Después de aquello, “El Gordo” desapareció.
Mientras las autoridades hondureñas avanzaron en el expediente y se emitían alertas internacionales, "El Gordo" logró salir del país el 21 de julio de 2022 por el aeropuerto Ramón Villeda Morales.
Desde entonces comenzó una ruta silenciosa para esconderse lejos de Honduras y diluirse entre comunidades migrantes en Europa.

Entre cemento y miedo
En Madrid no llevó armas visibles ni tenía escoltas y tampoco aparentó ser uno de los hombres más buscados de Honduras.
Según medios españoles, trabajaba “en B”, término utilizado para describir empleos informales fuera del sistema legal.
Vivía discretamente en Vallecas y sobrevivía realizando trabajos de construcción. La estrategia parecía simple: desaparecer entre la masa de trabajadores invisibles que cada día levantan edificios, remodelan apartamentos y regresan agotados a pequeños cuartos alquilados.
Ahí radicó precisamente su ventaja, nadie busca a un fugitivo internacional entre obreros cubiertos de polvo.
Y mientras mezcló cemento en España, en Honduras su nombre se ligó a expedientes criminales y antecedentes por tráfico de drogas y tenencia ilegal de armas, según registros policiales.
Los Aguacates, la banda que opera lejos del reflector
Aunque nombres como la MS-13 y Barrio 18 suelen dominar el relato de la violencia en Honduras, estructuras regionales como Los Aguacates lograron consolidar poder criminal en zonas estratégicas del norte del país.
Las autoridades vinculan a esta banda con homicidios, extorsiones, narcotráfico y control territorial en sectores del Valle de Sula.
Son grupos menos mediáticos, pero con capacidad para infiltrar comunidades, mover drogas y ejecutar asesinatos selectivos sin generar el mismo nivel de exposición pública que las pandillas tradicionales.
El caso de “El Gordo” exhibió cómo muchos integrantes de estas estructuras logran escapar de Honduras y esconderse durante años fuera del país.
Se aprovechan de las rutas migratorias y la facilidad de mezclarse entre trabajadores indocumentados en Europa o Estados Unidos.

La caída en Vallecas
El escondite de "El Gordo" terminó en marzo de 2026. La Policía Nacional española, en coordinación con Interpol y autoridades hondureñas, ejecutó un operativo en la calle Ramón Pérez de Ayala, en Madrid.
Ahí capturaron a Arnold Josué Solís Puerto después de casi cuatro años prófugo. Las autoridades españolas aseguran que no opuso resistencia.
El hombre que durante años logró esconderse entre martillos, ladrillos y concreto finalmente lo encontraron.
Después vino la extradición y la condena: 26 años de prisión por el doble asesinato ocurrido en Cortés.
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