El 2022 marcó un golpe contra las redes del narcotráfico que operan desde Honduras. El M/V Pop, un barco pesquero de 65 pies de eslora, fue interceptado por la Guardia Costera de Estados Unidos a unas 75 millas de la costa de Luisiana.

Lo que parecía una falla mecánica terminó siendo la puerta de entrada a un caso que unía droga y migración irregular.

Dentro de la embarcación viajaban 23 hondureños que buscaban llegar a Estados Unidos, pero no eran los únicos “pasajeros”.

Ocultos en el barco iban también 24 kilos de cocaína, cargamento que se embarcó en Utila, en el Caribe hondureño.

El narcotráfico y Olvin Velásquez

El hombre detrás de la operación era Olvin Javier Velásquez Maldonado, de 39 años, a quien acusan de ser el responsable de subir la cocaína y garantizar su entrega segura en suelo estadounidense.

Cuando lo detuvieron, intentó hacerse pasar por un migrante más para eludir responsabilidades, pero la evidencia en su contra lo delató.

Hoy enfrenta cargos por conspiración para distribuir y poseer con intención de distribuir más de cinco kilos de cocaína.

De ser declarado culpable, la ley contempla un mínimo de 10 años de prisión y la posibilidad de cadena perpetua.

Un barco pesquero como fachada

El caso del M/V Pop evidenció cómo los grupos criminales hondureños transforman barcos pesqueros y embarcaciones deportivas en plataformas móviles para el narcotráfico.

La fachada era clara: un viaje de pesca convertido en transporte de drogas y migrantes.

Los documentos judiciales muestran que Velásquez no actuó solo. Sus coacusados, entre ellos Carl Allison, Darrel Martínez y Josué Flores-Villeda, ya se declararon culpables en 2023 por conspirar tanto en el tráfico de personas como en el de drogas.

Otros, como Hennessy Devon Cooper Zelaya y Rudy Jackson Hernández, recibieron condenas tras ir a juicio.

Narcotráfico y migración: dos negocios en uno

La operación reveló una doble ganancia para las redes criminales. Por un lado, el narcotráfico garantizó ingresos millonarios al mover cocaína hacia Estados Unidos.

Por el otro, los migrantes eran explotados y utilizados como fachada para distraer la atención de las autoridades.

Este modelo criminal combina trata de personas con tráfico de drogas, utilizando a Honduras como punto de partida y a Estados Unidos como destino final.

La mezcla hace más difícil la detección, pero cuando las operaciones se descubren, como ocurrió con el Pop, dejan al descubierto la magnitud de las redes involucradas.

Lea también: El narco de la selva: lo capturan y condenan en tierra de los Montes

La respuesta de Estados Unidos

La investigación la lideró la Fuerza de Tarea Conjunta Alfa (JTFA) y el Programa de la Fuerza de Ataque Extraterritorial contra Viajes Criminales (ECT).

Son dos estructuras del Departamento de Justicia y el Departamento de Seguridad Nacional que buscan desmantelar organizaciones transnacionales.

La JTFA reportó más de 360 arrestos, 325 condenas y cientos de decomisos. El caso de Velásquez se sumó a la Operación Take Back America, iniciativa que busca frenar la inmigración ilegal y golpear de lleno al narcotráfico y sus operadores.

El caso demuestra cómo el narcotráfico se reinventa, utiliza barcos pesqueros como rutas de transporte, mezcla migración con cocaína y destruye ecosistemas en su camino.

Y aunque A Velásquez lo juzgarán en Luisiana, la verdadera batalla se libra en los países que son la base de estas organizaciones criminales.