En Honduras, el narco ya no solo trafica drogas: también saquea el patrimonio ambiental.

Las organizaciones criminales descubrieron que los recursos naturales ofrecen un negocio tan rentable como la cocaína: concesiones de bosques, proyectos de construcción, control de fuentes de agua, minería y explotación de la tierra.

Según agentes antinarcóticos, su modus operandi combina sobornos, violencia y control territorial para asegurar que la tala, la pesca ilegal o la extracción minera se realicen sin obstáculos.

El narcotráfico, que incorporó estos delitos a su portafolio criminal, utiliza el medio ambiente como una vía más para lavar dinero y fortalecer sus redes.

El narco a la pista clandestina

La Biosfera del Río Plátano, la joya natural más grande de Centroamérica y Patrimonio Mundial de la UNESCO desde 1982, es un epicentro del saqueo ambiental vinculado al narco, dice un agente en condición de anonimato.

Investigaciones oficiales revelan que entre 2012 y 2021 se hallaron más de 200 pistas clandestinas en la zona.

Cada año, miles de hectáreas de bosque desaparecen por la tala, la introducción ilegal de ganado y la construcción de infraestructura criminal.

Un caso en Honduras es la carretera de 100 kilómetros que penetra el corazón de la reserva del río Plátano.

Lo que antes eran paisajes de selva húmeda y ríos cristalinos, hoy muestra cicatrices abiertas por la maquinaria y el fuego.

Un patrón que se repite en todo el país

Las 74 áreas naturales protegidas de Honduras enfrentan la misma amenaza: invasiones ilegales, deforestación acelerada y desplazamiento de fauna.

En muchas, la presencia de hombres armados y maquinaria pesada anticipa el destino del territorio: convertirse en un enclave más para operaciones ilícitas.

La pesca no regulada, la cacería de especies en peligro, minería ilegal y el vertido de desechos tóxicos son parte del catálogo de daños que deja el narco.

El impacto es tan profundo que no solo destruye ecosistemas, sino que altera la vida de comunidades que dependen de ellos.

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El enemigo invisible del medio ambiente

Este asalto a la naturaleza no se limita a la frontera hondureña. El patrón se repite en toda la región, donde las mafias aprovechan la debilidad de los Estados, la corrupción institucional y la falta de vigilancia.

Países con extensas áreas selváticas, fronteras porosas y ecosistemas ricos se convirtieron en los escenarios perfectos para la convergencia entre crimen y ecocidio.

En Honduras, La Mosquitia sigue siendo el mayor símbolo de esta lucha desigual por los recursos naturales.

Es un paraíso natural que, poco a poco, se desangra ante la mirada impotente de sus guardianes.

La batalla contra el narcotráfico ya no es solo por las rutas de cocaína, sino también por las raíces de los árboles, la pureza de los ríos y la vida que habita en ellos.

Si el país no enfrenta esta nueva dimensión del crimen, Honduras no solo perderá su riqueza natural, sino también una parte de su identidad y su futuro.