La droga cruzó Honduras protegida por hombres de la MS-13 y no era un favor ni una alianza improvisada: según la acusación federal, era un servicio pagado. Yulan Andony Archaga Carías, alias “Porky”, convirtió a integrantes de la pandilla en sicarios disponibles para las organizaciones narcotraficantes que necesitaran custodiar cargamentos, eliminar rivales o imponer miedo.
Ese detalle, que revela el expediente de la Corte Federal del Distrito Sur de Nueva York, dibuja a la MS-13 no únicamente como una pandilla violenta, sino como una organización que ofreció servicios criminales a cambio de dinero.
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Porky convirtió a la MS-13 en una empresa criminal
La acusación identifica a Porky como el máximo líder de la MS-13 en Honduras y sostiene que estaba al frente de las operaciones de narcotráfico de la estructura.
De acuerdo con los fiscales, bajo su dirección se coordinaron envíos de cargamentos de varias toneladas de cocaína que atravesaron Honduras con destino a Estados Unidos.
También supervisó actos de violencia, asesinatos y el manejo de las ganancias obtenidas por el tráfico de drogas.
Pero el expediente va más allá y según la acusación, Archaga ofrecía protección a otras organizaciones dedicadas al narcotráfico que transportaban cocaína por territorio hondureño.
Se reveló que para garantizar esa seguridad, recurría a miembros de la propia MS-13.
La renta de sicarios de la MS-13
Uno de los señalamientos más llamativos del documento judicial es que Porky contrató integrantes de la MS-13 como sicarios para trabajar para organizaciones narcotraficantes, las cuales pagaron por esos servicios.
La Fiscalía sostiene que esos pandilleros ejecutaron asesinatos por encargo para proteger los intereses de las estructuras dedicadas al tráfico internacional de cocaína.
Además, el expediente asegura que la organización dirigida por "El Porky", también proporcionó armas de fuego, incluidas ametralladoras, a esos grupos criminales.
El retrato que hace la acusación es el de una organización que no solo obtuvo ingresos por la droga, sino también ofreció seguridad armada y capacidad de ejecución a otros actores del narcotráfico.
El enemigo también podía estar dentro de la pandilla
La violencia, según la acusación, no se limitó a rivales, los fiscales afirman que Porky ordenó asesinatos contra pandilleros rivales.
Además contra narcotraficantes competidores e incluso contra miembros de la MS-13 que consideraba desleales.
El expediente añade que las armas utilizadas para esos crímenes incluían ametralladoras y que los homicidios formaron parte de la estrategia para mantener el control interno de la organización y eliminar cualquier amenaza a su liderazgo.

El dinero no terminaba solo en la droga
La acusación también describe el papel de David Campbell, alias "Viejo Dan", señalado como uno de los principales proveedores de cocaína y armas.
Según el documento, Campbell y Archaga establecieron negocios utilizados para ocultar ganancias del narcotráfico.
Juntos movieron dinero mediante el sistema financiero, incluyendo bancos en Estados Unidos.
Para la Fiscalía estadounidense, la MS-13 preservó el poder de la organización, expandió sus operaciones, mantuvo a comunidades enteras bajo amenazas de violencia.
Pero además buscaron proteger las ganancias obtenidas mediante el narcotráfico, la extorsión y el lavado de activos.
Una empresa del crimen
Más que presentar a Porky como un simple jefe pandillero, el documento judicial lo retrata como el administrador de una organización con funciones definidas.
Movieron cocaína, ofrecieron protección a otras estructuras criminales, suministraron armas.
Además ordenaron asesinatos, castigaron a quienes consideró traidores y ocultaron las ganancias mediante empresas y operaciones financieras.
La imagen del expediente es la de una estructura que convirtió la violencia en un servicio y a la MS-13 en pieza del negocio del narcotráfico.
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