En el Corredor Seco de Honduras, donde sembrar maíz y frijol es muchas veces la única forma de sobrevivir, el nombre de El Niño no suena a fenómeno climático. Suena a hambre.

Los nuevos pronósticos internacionales encienden otra vez las alarmas. Un informe del Grupo Técnico de Acción Anticipatoria para América Latina y el Caribe (GTAA LAC) advierte que las condiciones actuales del Pacífico apuntan hacia un fenómeno de El Niño de moderado a fuerte, con probabilidades que alcanzarían hasta el 96 % entre finales de 2026 e inicios de 2027.

Y Honduras aparece directamente entre las regiones más vulnerables.

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El Niño vuelve a amenazar al Corredor Seco hondureño

El reporte señala que el Corredor Seco centroamericano enfrentaría una fuerte supresión de lluvias, provocando pérdidas de maíz y frijol superiores al 30 % durante eventos moderados o severos de El Niño.

Honduras occidental figura entre las zonas con mayor riesgo. No se trata únicamente de una advertencia meteorológica.

Detrás de cada porcentaje hay familias enteras que dependen de una sola cosecha para alimentarse durante meses.

En muchas comunidades del sur y occidente hondureño, el invierno define si una familia comerá tres veces al día o si volverá a reducir sus alimentos a una tortilla con sal y café.

El informe advierte además que los precios locales de alimentos podrían aumentar entre un 20 % y un 40 % si la sequía golpea con fuerza la producción agrícola regional.

Eso significa comida más cara en mercados populares, menos producción en el campo y más presión para hogares que ya viven al límite.

pronósticos de El Niño en Honduras

Maíz, frijol y agua: las primeras señales de alarma

En Honduras, el impacto de El Niño suele sentirse primero en el campo, pero termina alcanzando las ciudades.

Cuando las lluvias fallan, las represas comienzan a descender, las cosechas se reducen y el precio de productos básicos empieza a subir silenciosamente.

Después llegan los racionamientos de agua, la pérdida de empleo agrícola y las familias que optan por migrar.

El documento sostiene que las condiciones del océano Pacífico muestran un calentamiento sostenido durante seis meses consecutivos, una señal que fortalece la transición hacia El Niño.

En departamentos golpeados históricamente por la sequía, como Choluteca, El Paraíso, Valle, Francisco Morazán y parte de occidente, muchas familias todavía recuerdan las pérdidas sufridas durante eventos anteriores de El Niño, cuando miles de hectáreas se secaron antes de la cosecha.

El golpe silencioso de los fertilizantes caros

Pero esta vez el panorama podría ser todavía más complicado. El informe introduce un elemento que amenaza con agravar la situación agrícola en Honduras: la crisis internacional de fertilizantes derivada del conflicto en el Estrecho de Ormuz.

Según el documento, la interrupción de una parte importante del comercio marítimo mundial de fertilizantes ya provocó aumentos globales de entre 15 % y 20 % en los precios.

Para pequeños productores hondureños, eso significa enfrentar una doble amenaza:menos lluvia y fertilizantes más caros.

El informe incluso advierte que, si la crisis persiste, millones de personas adicionales en América Latina podrían enfrentar hambre aguda durante los próximos meses.

Impacto

Honduras activa alertas antes del pico de la sequía

Ante el escenario climático, organismos internacionales ya comenzaron a movilizar recursos en Centroamérica.

El reporte revela que Honduras activó un mecanismo de acción anticipatoria financiado con $4 millones (unos 106 millones de lempiras), para asistir hasta 65 mil personas en El Paraíso y Francisco Morazán antes del pico de la sequía.

La ayuda contempla intervenciones relacionadas con seguridad alimentaria, salud, nutrición y acceso al agua.

En total, Centroamérica movilizó más de $10 millones (unos 260 millones de lempiras) para proteger a miles de personas antes de que los efectos más severos de la sequía golpeen a las comunidades vulnerables.

El miedo campesino a perder otra cosecha

En muchas aldeas del Corredor Seco, el temor ya no es únicamente que llueva menos, el miedo es volver a perderlo todo.

Es perder la siembra, los animales, el dinero invertido y perder otro año. El Niño todavía no golpea con toda su fuerza, pero en Honduras ya comenzó a despertar viejos fantasmas.

Porque en el campo hondureño, donde miles de familias viven de lo que producen con sus propias manos, una sequía no solo seca la tierra.

También vacía mesas, obliga a migrar y deja a comunidades enteras sobreviviendo entre incertidumbre y hambre.

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