El fenómeno de El Niño muestra señales de un calentamiento extraordinario en el océano Pacífico, mientras los científicos vigilan su evolución hacia diciembre, cuando podría alcanzar su mayor intensidad.

Las mediciones oceánicas encendieron las alertas porque el calentamiento no solo modifica las condiciones del mar.

También altera los patrones de lluvia, temperatura y circulación atmosférica en distintas regiones del planeta, incluida Centroamérica.

Sin embargo, una temperatura excepcional en el océano no significa que todos los países experimentarán efectos de la misma magnitud.

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El Niño podría superar los registros históricos

La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) informó que algunas zonas del Pacífico ecuatorial oriental presentan temperaturas superficiales superiores a los valores habituales en más de 4 grados Celsius.

El dato corresponde a anomalías térmicas, es decir, diferencias respecto de las temperaturas normales del océano, y no a un aumento uniforme de cuatro grados en todo el Pacífico.

El informe del 8 de octubre señala que existe un 83 % de probabilidad de que El Niño alcance una intensidad histórica durante el trimestre de octubre a diciembre, superando los registros disponibles desde 1950.

Las observaciones también muestran un calentamiento considerable bajo la superficie marina, con anomalías superiores a diez grados Celsius en determinadas profundidades del Pacífico oriental.

las temperaturas

Diciembre pondrá a prueba las previsiones

La Organización Meteorológica Mundial (OMM) calcula que la anomalía promedio de temperatura en la región del Pacífico conocida como Niño 3.4 podría alcanzar aproximadamente 3.7 grados Celsius por encima de lo normal entre octubre y diciembre.

De confirmarse, superaría los 2.6 grados registrados entre noviembre de 2015 y enero de 2016, uno de los episodios más intensos de las últimas décadas.

La OMM sitúa alrededor de diciembre el punto máximo de fortalecimiento del fenómeno.

Sin embargo, sus consecuencias climáticas podrían prolongarse durante los primeros meses de 2027.

La organización también considera prácticamente segura la persistencia de El Niño hasta febrero de 2027, según el consenso de los centros internacionales de predicción climática.

¿Qué puede significar este fenómeno para Honduras?

Para Honduras, la preocupación se concentra en las posibles alteraciones de las lluvias, especialmente en las zonas donde la disponibilidad de agua condiciona la producción agrícola y el abastecimiento de las comunidades.

Históricamente, El Niño se relacionó con disminuciones de precipitación en determinadas regiones centroamericanas, aunque sus efectos varían según la época del año y las condiciones atmosféricas.

La OMM advierte que el sur de Centroamérica figura entre las regiones con mayores probabilidades de experimentar condiciones más secas de lo habitual durante el trimestre de octubre a diciembre.

Esa previsión regional no permite establecer cuánto disminuirán las lluvias en Honduras ni cuáles departamentos podrían resultar más afectados.

El comportamiento de El Niño también dependerá de otros factores climáticos que pueden influir en sus efectos sobre Honduras.

Por ello, las proyecciones internacionales deben complementarse con los pronósticos del Centro de Estudios Atmosféricos, Oceanográficos y Sísmicos (Cenaos).

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Un océano más caliente, pero con efectos diferentes

El fortalecimiento de El Niño no significa que todos los países enfrentarán sequías. Algunas regiones podrían registrar menos precipitaciones de lo habitual.

Otras zonas podrían experimentar lluvias superiores a los promedios históricos, aumentando el riesgo de inundaciones.

El calentamiento del Pacífico modifica la circulación atmosférica y desplaza las zonas donde se forman las lluvias.

Estos cambios pueden alterar los patrones de precipitación en regiones muy alejadas del océano Pacífico.

La intensidad del fenómeno aumenta la probabilidad de alteraciones climáticas importantes, pero no determina por sí sola la magnitud de los daños.

Diciembre será decisivo para establecer si El Niño alcanza una intensidad sin precedentes en los registros modernos.

Para Honduras, el desafío será seguir sus efectos sobre las lluvias y la disponibilidad de agua, sin esperar a que los pronósticos se conviertan en emergencias.

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