El próximo 5 de abril de 2025 entrará en vigor una medida que podría sacudir el corazón económico de Honduras: los aranceles del 10 % que Estados Unidos impondrá a las importaciones de América Latina, incluido este país centroamericano.
La administración de Donald Trump lo llamó "arancel recíproco", pero los economistas ya lo bautizan como un nuevo muro, uno que no se construye con concreto, sino con impuestos.
La medida excluye únicamente a Nicaragua y Venezuela, que recibirán tasas más altas (18 % y 15 % respectivamente) debido a lo que Washington califica como “hostilidad manifiesta” y “falta de cooperación democrática”.
El resto de los países, incluidos socios comerciales históricos como Honduras, quedan bajo el mismo techo arancelario.

Honduras, en igualdad
“El consumidor estadounidense verá productos hondureños más caros, y probablemente elegirá opciones más baratas, incluso locales”, explica Daniel Suchar, economista costarricense.
Aunque el 10 % en los aranceles es parejo, no todos los países están igual de preparados para asumir el golpe.
Para Honduras, la medida llega en un momento de alta dependencia del comercio exterior, especialmente del sector agrícola, con productos como el café, banano, camarón, melón y tilapia que tienen como destino principal los supermercados y restaurantes de Estados Unidos.
“El sector primario podría experimentar una desaceleración en sus exportaciones”, advierte Suchar.
¿Y ahora qué?
Según Suchar, esta decisión de Washington con los aranceles ya está motivando a varios países a mover sus fichas diplomáticas.
Costa Rica, por ejemplo, solicitó una cita formal con el Ministerio de Comercio Exterior de Estados Unidos para discutir el impacto de la medida. Honduras, de momento, analiza acciones.
“El siguiente paso será que todos los países afectados busquen diálogo para evitar que esto se convierta en una escalada comercial. Todos vamos a pedir piquete”, dice el economista.
¿Cuál es el riesgo?
La imposición de este arancel llega con una factura potencial para la economía hondureña: pérdida de competitividad, caída en las exportaciones, menores ingresos para los productores y, por supuesto, una disminución en la entrada de divisas al país.
Todo esto, en medio de un contexto de alta vulnerabilidad económica, donde las exportaciones agrícolas no solo generan empleos rurales, sino que también constituyen una de las principales fuentes de ingreso para miles de familias.
“Un producto más caro en el anaquel estadounidense es un producto menos atractivo", señala Suchar.
El “muro económico” que Donald Trump levanta con este nuevo arancel no discrimina con nombres, pero sí con consecuencias.
Para Honduras, el reto no es solo resistir, sino demostrar que puede jugar en las grandes ligas del comercio global con inteligencia, diplomacia y visión.
Quedarse callado sería tan costoso como el propio impuesto. Porque en esta partida, no gana quien más produce, sino quien mejor se adapta.
