A las afueras de un hotel en Cartagena de Indias, Colombia, Pedro García Montes caminaba sin saber que llevaba días bajo vigilancia.

Dos hombres seguían cada uno de sus movimientos, sabían dónde se hospedaba, por dónde caminaba y a qué hora solía salir.

La noche del 14 de julio de 2004 dejaron de observarlo y pasaron a la acción: acabaron con la vida. Así terminó García Montes, un hombre de 31 años cuya presencia en Colombia despertó más preguntas que respuestas.

En un primer momento se habló de un comerciante extranjero que llegó a ese país por asuntos de negocios.

Sin embargo, conforme avanzaron las investigaciones comenzaron a emerger nombres, antecedentes y conexiones que lo ubicaban en una dimensión muy distinta.

Veintidós años después, su asesinato es una de las historias menos conocidas detrás del surgimiento de uno de los clanes más influyentes del narcotráfico hondureño: los Montes Bobadilla.

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Pedro García Montes y los primeros pasos del clan Montes Bobadilla

Antes de que el apellido Montes Bobadilla apareciera en expedientes judiciales de Honduras y Estados Unidos, Pedro García Montes figuró en informes de inteligencia vinculados al tráfico de drogas en Centroamérica.

Originario de Reitoca, Francisco Morazán, construyó una imagen de empresario mientras, según investigaciones citadas por autoridades hondureñas y extranjeras, desarrollaba actividades relacionadas con el narcotráfico y el lavado de activos.

La Fiscalía hondureña informó que lo detuvieron en 2001 por lavado de dinero y que enfrentó señalamientos por otros delitos.

Su fachada comercial se ligó a negocios de exportación, entre ellos una empresa relacionada con la comercialización de langostas.

Pero detrás de esa imagen comenzaron a surgir versiones que lo describían como un operador que viajó entre Honduras, Colombia y otros países de la región.

Noé Montes
Noé Montes Bobadilla fue apresado en 2017 y condenado a cadena perpetua en EE.UU. en 2019. Foto: redes sociales.

El hombre que abrió contactos y rutas

Las investigaciones que años después reconstruyeron la historia del clan Montes Bobadilla coinciden en señalar a Pedro García Montes como una figura clave en los inicios de esa estructura.

Su papel fue el de conectar organizaciones colombianas con operadores hondureños, facilitar rutas y abrir espacios para el transporte de cargamentos de cocaína que atravesaban Centroamérica con destino a México y Estados Unidos.

Por esa razón, algunas versiones lo describieron como una especie de mentor o protector de los Montes Bobadilla.

La relevancia de García Montes no pasó desapercibida para organismos internacionales.

En distintos reportes se mencionó como un hombre con amplias conexiones en el negocio regional de la droga, capaz de moverse utilizando diferentes identidades y documentos.

La noche que lo ejecutaron en Cartagena

El crimen ocurrió en una de las zonas más concurridas de Cartagena, tras un seguimiento de varios días antes de dispararle cerca del hotel donde se hospedaba.

Las investigaciones condujeron a la captura de dos presuntos sicarios, quienes recibieron dinero por ejecutar el asesinato.

Sin embargo, la pregunta principal nunca encontró una respuesta definitiva: ¿quién ordenó matar a Pedro García Montes?

Las hipótesis apuntaron hacia disputas entre organizaciones narcotraficantes, conflictos por rutas de tráfico y rivalidades dentro del negocio ilícito.

También surgieron versiones sobre presuntos vínculos con tráfico de armas y operaciones que involucraban intercambios entre droga y armamento.

Herlinda Bobadilla
Herlinda Bobadilla la matriarca del clan cuando fue capturada en Honduras en 2022. Foto: redes sociales.

Una muerte que no detuvo al clan

El asesinato de Pedro García Montes cerró un capítulo, pero no acabó con la estructura que ayudó a fortalecer.

Durante los años siguientes, el nombre de los Montes Bobadilla ganó protagonismo dentro del mapa criminal hondureño.

Sus operaciones se expandieron y el clan fue una de las organizaciones más señaladas por las autoridades antidrogas de Honduras y Estados Unidos.

La muerte del hombre que sirvió de enlace, protector y constructor de contactos no significó el colapso del negocio.

Por el contrario, la organización continuó creciendo mientras el caso de su asesinato quedó atrapado entre expedientes, hipótesis y silencios.

Veintidós años después, Pedro García Montes es una figura envuelta en sombras. Pero una cosa parece clara: cuando cayó abatido en una calle de Cartagena, no solo murió un hondureño perseguido por sospechas y señalamientos.

También desapareció uno de los hombres que estuvo presente cuando los Montes Bobadilla todavía eran una estructura en formación y no el nombre que años después ocuparía titulares dentro y fuera de Honduras.

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