Para monseñor José Antonio Canales, obispo de Danlí, El Paraíso, la figura del papa Francisco fue mucho más que la de un líder religioso.

Fue un faro de humildad, sencillez y cercanía, cualidades que marcaron cada uno de sus gestos y enseñanzas.

“El mayor legado que nos deja es que aprendamos a vernos como hermanos”, dice con serenidad, como quien guarda en el corazón una lección que trasciende el tiempo.

En un momento en que el mundo y la Iglesia enfrentan tensiones profundas, Canales subraya el mensaje que el papa repitió una y otra vez durante su pontificado: la jerarquía no es sinónimo de poder.

“La jerarquía en la Iglesia es importante para que haya orden, coordinación de las diversas tareas pastorales… pero no para creernos más. Somos hermanos, independientemente del oficio, la misión y el trabajo que el Señor nos señala realizar”.

Francisco, el papa de América Latina

El obispo no oculta su emoción al recordar que Francisco fue el primer papa no europeo en los más de dos mil años de historia de la Iglesia.

“Para nosotros, los latinoamericanos, deja un gran vacío. Que uno de nosotros, de este pueblo latinoamericano, fuera el sucesor de Pedro es una marca que la historia tendrá en cuenta siempre”, señala con convicción.

Ese hecho, dice, abrió puertas y corazones. Fue una señal poderosa de que el Evangelio no tiene fronteras y que el Espíritu Santo sopla donde quiere, incluso en las periferias del mundo, como tantas veces lo mencionó el pontífice argentino.

Encuentros que se vuelven eternos

La relación de Canales con Francisco no fue distante. Fue él quien lo nombró obispo de Danlí en enero de 2017, un gesto que marcó su vida pastoral para siempre.

“Mis encuentros con él serán inolvidables”, confiesa. La última vez que lo saludó fue hace apenas diez meses, en mayo de 2024.

Un momento breve pero significativo, que hoy guarda con especial cariño. “Siempre tenía una palabra cercana, sencilla, sin protocolo”, recuerda.

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El vacío que deja y la esperanza que siembra

Aunque el fallecimiento del papa Francisco deja una profunda tristeza en el corazón de millones de fieles, Canales insiste en que su vida no fue en vano.

“Nos enseñó a mirar al otro con compasión, a caminar junto a los pobres, a buscar una Iglesia más humana, más cercana, más libre de lujos y más rica en espíritu”.

Su estilo dice el obispo rompió esquemas, incomodó a algunos, pero enamoró a muchos más.

“La historia hablará bien de él, y nosotros tenemos el deber de continuar su ejemplo”.