Sin abejas, no hay comida. No es una consigna alarmista, es una realidad que se sostiene en cifras: estos pequeños insectos son responsables de la polinización de al menos un tercio de los alimentos que llegan a la mesa.
Por eso, cuando su supervivencia se ve amenazada, también lo está la seguridad alimentaria y la vida.
En ese escenario, desde su campus en El Paraíso, la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH) decidió dar un paso que podría cambiar el rumbo de la apicultura nacional: crear un laboratorio de miel que analizará su calidad y llegará hasta el ADN de las abejas.
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Abejas y un laboratorio para entender lo que hoy se desconoce
El proyecto, aún en fase de gestión, apunta a convertirse en un centro único en la región.
No se trata únicamente de estudiar la miel como producto final, sino de comprender su origen, sus propiedades y las condiciones que afectan a las abejas.
Los investigadores Isis Yelena Montes y Andy Banegas forman parte de la Mesa Apícola de Danlí, desde donde impulsan este enfoque científico.
Su participación en el reciente Congreso Apícola, que reunió a productores y expertos nacionales e internacionales, permitió aterrizar una idea que llevaba tiempo gestándose: dotar al sector de herramientas técnicas para tomar decisiones con base en evidencia.
“Durante el congreso abordamos temas sobre las especies de abejas, mejoras genéticas y algunas enfermedades relacionadas con el cambio climático, además de la catación de miel y el análisis de sus características”, explicó Montes.

Detectar a tiempo, producir mejor
Uno de los pilares del laboratorio será la detección temprana de enfermedades en las abejas, un factor crítico en un contexto donde el cambio climático y la degradación ambiental están afectando cada vez más a las colmenas.
Pero el alcance va más allá. A través del análisis de los componentes de la miel, se podrá identificar con precisión sus propiedades, muchas de ellas con potencial antibiótico, antimicótico y cicatrizante.
Este conocimiento no solo mejorará la calidad del producto, sino que también abrirá oportunidades para posicionar la miel hondureña en mercados más exigentes.
Además, los estudios a nivel genético permitirán conocer qué tipo de miel produce cada especie de abeja, una información clave para mejorar la producción y diversificar el sector.
Ciencia para decidir, no para improvisar
La iniciativa está pensada como un respaldo directo para la Mesa Apícola, no solo en El Paraíso, sino a nivel nacional.
Con datos concretos en mano, los productores podrán tomar decisiones más acertadas, reducir pérdidas y enfrentar con mayor solidez los desafíos del rubro.
Montes también plantea que este esfuerzo podría impulsar la creación de viveros de especies nativas de flores, esenciales para la alimentación de las abejas y la sostenibilidad del ecosistema.

Un proyecto que ya despierta interés fuera del país
El impacto de la propuesta comenzó a trascender fronteras. Según los investigadores, ya existe interés de especialistas internacionales.
Por ello, próximamente un experto chileno visitará Honduras para evaluar las condiciones necesarias para que el laboratorio pueda operar.
Mientras las abejas enfrentan amenazas silenciosas, desde El Paraíso se empieza a construir una respuesta que combina ciencia, producción y conservación.
Porque en el fondo, proteger a las abejas no es solo cuidar un insecto: es defender la comida, la biodiversidad y el futuro.
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