Tania Julissa Rosales nació el 11 de noviembre de 1994 en El Porvenir, Atlántida. Desde muy pequeña mostró una madurez que sorprendía.

Todos los días se levantaba al amanecer para vender tortillas y, después, corría a la escuela, donde siempre destacó como buena alumna.

Era la mayor de cuatro hermanos y, con apenas una década de vida, ya se preocupaba por el bienestar de todos.

Pero el 31 de diciembre de 2006, Tania salió temprano a vender tortillas, con la ilusión de regresar pronto y estrenar la ropa que su madre le había comprado para recibir el Año Nuevo.

Esa tarde, su padre la vio en la calle y le pidió volver a casa temprano. Fue la última vez que la familia tuvo noticias de ella.

El último día de Tania, la niña de los sueños rotos

La mañana del 1 de enero de 2007 trajo la tragedia. El cuerpo de Tania Julissa Rosales lo encontraron sin vida.

Su cuerpecito presentaba señales de abuso sexual y mutilación. La noticia golpeó como un rayo a la comunidad de El Porvenir, que vio apagarse la luz de una niña trabajadora, estudiosa y llena de ternura.

Su abuela la recorodó con ternura: “Mi nieta era cariñosa, siempre pendiente de sus hermanitos y de su mamá. Decía que quería estudiar para ayudar a la familia”.

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Feminicidio en Honduras: otra vida sin justicia

El asesinato de Tania Julissa se sumó a la larga lista de feminicidios en Honduras que quedaron en la impunidad.

La investigación nunca trajo claridad ni responsables, y su caso terminó enterrado en el silencio de los archivos judiciales.

Pero en El Porvenir y en la memoria de su familia, Tania sigue presente. Su vida de trabajo y el cariño hacia los suyos, no se redujo a las pocas páginas de un expediente olvidado.

Han pasado casi dos décadas desde aquel 2006 y El Porvenir lamenta la ausencia de Tania Julissa Rosales.

Recordarla no es solo un acto de memoria, sino una forma de resistir ante la violencia feminicida y la indiferencia de un sistema que no respondió.