En Virginia, Lempira, un río dejó de correr. El Chayel, una de las fuentes de agua de la zona, es la evidencia más cruda de una sequía que ya golpea la mesa y los bolsillos de las familias.
A pocos kilómetros, en Mapulaca, la historia se repite sobre la tierra, las milpas comenzaron a secarse y con ellas se pierde el maíz para el consumo y sustento de numerosos hogares.
La sequía en Lempira se agudizó principalmente en los municipios ubicados al sur del departamento, una zona caracterizada por temperaturas elevadas y lluvias escasas.
Mapulaca y Virginia aparecen entre los municipios más afectados. Durante 2026, pobladores aseguran que apenas registran dos tormentas importantes, pero la lluvia que necesitan los cultivos simplemente no llegó.
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Sequía en Lempira deja la milpa seca
El golpe puede observarse directamente en los sembradíos, las plantas de maíz que deberían estar avanzando hacia la cosecha muestran ahora los efectos de semanas sin suficiente agua.
Para las familias productoras, perder una milpa significa mucho más que contabilizar cuánto dinero se invirtió en sembrarla.
Ese maíz también representa comida que almacenarían para los próximos meses y, en algunos casos, una fuente de ingresos para cubrir otras necesidades del hogar.
Sin lluvia suficiente, ambas cosas están amenazadas y el problema comienza entonces a transformarse en una cadena: falta agua, se pierde la cosecha, disminuye el alimento y se golpea la economía familiar.

En Virginia, hasta el río Chayel se secó
La situación adquiere otra dimensión en Virginia, el río Chayel se secó, mientras las comunidades enfrentan un escenario en el que conseguir agua se vuelve cada vez más difícil.
El cauce sin agua resume lo que ocurre en esta parte de Lempira: la sequía ya no solamente se observa en los cultivos.
También alcanza las fuentes de las que dependen las comunidades y amenaza a los animales que necesitan agua diariamente para sobrevivir y allí aparece otra consecuencia.
Vender el ganado antes de que muera de sed
En las zonas afectadas, algunos productores comenzaron a desprenderse de su ganado ante el temor de no poder sostenerlo si las lluvias continúan sin aparecer.
Arnulfo Rodríguez, alcalde de La Virtud, advierte que las familias toman decisiones antes de que la situación empeore.
“Si no hay lluvia no hay agua para el ganado y la gente lo vende antes de que muera de sed”.
El ganado funciona como patrimonio para muchas familias rurales. Venderlo anticipadamente significa obtener algo antes de arriesgarse a perderlo por completo.
Otros productores intentan prepararse almacenando pasto, pero ese esfuerzo resuelve únicamente una parte del problema. El ganado puede tener qué comer, pero también necesita qué beber.

Esperan ayuda ante la sequía en Lempira
Rodríguez asegura que las comunidades esperan una intervención gubernamental, incluyendo asistencia de la Comisión Permanente de Contingencias (Copeco) y otras instituciones.
La preocupación ya no se limita a salvar los cultivos, con la cosecha dañada y las fuentes de agua disminuyendo, las familias enfrentan simultáneamente riesgos para su alimentación, sus ingresos y la supervivencia del ganado.
La falta de lluvias convirtió así una temporada difícil en una crisis que avanza desde las parcelas hasta los corrales.
En Mapulaca, la milpa se seca, en Virginia, el río Chayel ya se secó y mientras las comunidades miran al cielo esperando una lluvia que durante 2026 apenas aparece.
Y por ello, algunos productores comenzaron a vender aquello que todavía pueden salvar.
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