El 31 de mayo, mientras el mundo conmemora el Día Mundial Sin Tabaco, Honduras carga con una estadística inquietante: cada año, más de 500 hondureños mueren por enfermedades relacionadas con el tabaquismo.
Aunque el país logró reducir el consumo entre adultos, una nueva batalla se libra en las aulas: el inicio cada vez más temprano del consumo entre los menores, especialmente a través del cigarrillo electrónico.
En los últimos años, estudios revelan que cerca del 8% de los estudiantes hondureños ya son fumadores, iniciándose entre los 12 y 13 años.
Pero el problema, según expertos, es aún más grave: el uso de cigarrillos electrónicos empezó a empujar el consumo hacia edades tan tempranas como los nueve años.
Cuando el cigarro parece un lápiz
El doctor César Acosta, director del Centro de Rehabilitación del Paciente Adicto (Cerepa) en Catacamas, lo explica con claridad.
“Los cigarrillos electrónicos ahora parecen lápices. Los adolescentes los usan en clase sin que los maestros lo noten. Vienen con sabores como fresa o menta y se venden como vapor de agua, pero llevan nicotina, y es igual de adictiva”.
Con precios que rondan los 150 lempiras por un dispositivo de 2,000 inhalaciones, son perfectamente accesibles para un menor con una mesada escolar. “
Solo necesita ahorrar cuatro días y ya puede comprarlo”, advierte Acosta.
El engaño no es solo visual. Los jóvenes creen que vapear es menos dañino que fumar cigarrillos tradicionales, pero las consecuencias son similares o peores.
Problemas respiratorios, alteraciones en el desarrollo cerebral y la puerta de entrada a otras adicciones: ese es el verdadero legado del vapeo.
¿Prevención?
A pesar de estas alertas, el Estado hondureño dicen expertos que no responde con la fuerza que exige la situación.
“En prevención se hace muy poco", denuncia Acosta, quien menciona que programas como Cuidado del Docente y Cerepa, en Catacamas, trabajan de la mano con escuelas para hablar sobre adicciones y violencia. Pero son esfuerzos aislados.
El IHADFA, la institución gubernamental encargada del tema, realiza campañas temporales en fechas específicas como Semana Santa o la Semana Morazánica, según los médicos. Pasadas estas jornadas, la prevención desaparece.

Sin embargo, la directora del IHADFA, Freda Thiebaud, defiende que sí hay esfuerzos institucionales en marcha.
“Estamos en trabajo constante de prevención e incluso en el Día Mundial Sin Tabaco lanzamos la campaña: ‘Porque para brillar no necesitas humo’”, expresó.
Según explicó, el IHADFA desarrolla jornadas preventivas con charlas en centros educativos públicos y privados, además de impulsar actividades artísticas, culturales y conferencias informativas dirigidas a jóvenes.
Aunque estos esfuerzos existen, expertos coinciden en que aún falta una estrategia nacional sostenida y focalizada que logre incidir de manera más profunda en la prevención del tabaquismo en menores.
Padres, parte del problema
En los talleres de prevención que Acosta imparte, muchos docentes se sinceran: no pueden intervenir porque los propios padres normalizan el consumo.
“Algunos prefieren que su hijo vapee antes que consuma marihuana o cocaína. No entienden que también es una droga”.
De hecho, la mayoría de adicciones empiezan con tres sustancias: tabaco, alcohol y marihuana.
Estas drogas “puente” allanan el camino hacia otras más duras. “Y ahora el cigarrillo electrónico baja esa edad de inicio. Ya hay niños de nueve años consumiéndolo”, alerta Acosta.
Adicción
Para el psiquiatra Bezner Paz, experto en adicciones, hay un subregistro sobre el consumo real.
“He tratado adolescentes de 13 o 14 años ya iniciados en el tabaco. En cuestión de meses, eso se convierte en adicción. La nicotina estimula la dopamina en el cerebro, genera una sensación falsa de energía, pero cuando se disipa, el joven necesita más. Es un ciclo.”
Un mercado sin control
En Honduras, el vapeo se instaló sin restricciones. Se vende sin regulación en tiendas, redes sociales y en los alrededores de las escuelas.
“Los profesores a veces hacen la vista gorda. Piensan que no es peligroso”, señala el doctor Bezner.
Ese desinterés institucional tiene una causa de fondo: “La industria del tabaco como la del alcohol genera ingresos para el Estado. Por eso las campañas de prevención son tibias”, expone el psiquiatra.
El cigarrillo electrónico no solo es adictivo: también engaña a padres, docentes y hasta al propio usuario.
“Muchos padres se sienten menos culpables si su hijo vapea. Creen que es controlable. Pero ese pensamiento es el que está expandiendo el uso de estos dispositivos”, afirma Bezner.
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¿Celebrar o no celebrar?
El Día Mundial Sin Tabaco llega este 2025 como un recordatorio urgente: Honduras necesita repensar su estrategia ante el creciente consumo de tabaco y vapeo entre su población más joven.
No se trata de una moda, sino de una crisis silenciosa que avanza en las mochilas escolares, los pasillos de las aulas y las manos disfrazadas de lápices.
Mientras no haya una política nacional de prevención y regulación, el país seguirá perdiendo la batalla.
Porque cuando los niños fuman, no solo respiran humo: inhalan abandono, silencio e indiferencia.
