Seis personas asesinadas en Olanchito, Yoro, tres jóvenes muertos en Jutiapa, Atlántida. Son dos ataques en pocas horas y una pregunta que vuelve a golpear a Honduras: ¿qué está ocurriendo detrás de las masacres?
La Policía Nacional puso sobre la mesa una explicación inquietante, según el portavoz policial Wilber Mayes Ríos, las operaciones, capturas y procesos judiciales contra integrantes de estructuras criminales obligarían a esos grupos a “recomponerse” y ejercer presión en determinadas comunidades.
Es decir, mientras las autoridades golpean unas piezas, otras estarían moviéndose, pero esa lectura no convence a todos.
La exviceministra de Seguridad Julissa Villanueva considera que reducir la violencia reciente a un reacomodo de estructuras criminales deja fuera un problema mucho más profundo.
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Masacres: “Se están recomponiendo”
Mayes relacionó la situación con las acciones ejecutadas por la Policía Nacional, el Ministerio Público y el Poder Judicial contra integrantes de organizaciones delictivas.
“Estas acciones que ejecutamos día con día en captura de impacto de miembros, activistas, de integrantes de estructuras criminales, es que estas estructuras criminales se están recomponiendo y están ejerciendo presión en estas comunidades”, explicó.
La tesis policial dibuja un escenario en movimiento: las capturas y condenas pueden sacar operadores de circulación, alterar liderazgos y modificar la presencia de determinadas estructuras en los territorios.
Según la explicación de Mayes, esa presión estaría teniendo consecuencias en algunas comunidades.

Policía apunta también al factor económico
Mayes añadió un elemento polémico a su diagnóstico: la situación económica de Yoro.
El funcionario aseguró que el departamento presenta un poder adquisitivo “bastante inferior” respecto de otras zonas y sostuvo que algunas personas terminan buscando “lo más fácil”, vinculándose con actividades ilícitas.
También señaló que la violencia no puede abordarse únicamente desde la Policía. A su criterio, familias, iglesias y centros educativos tienen responsabilidad en la orientación de niños y jóvenes para evitar que sean atraídos por estructuras delictivas.
Villanueva: “El problema es mucho más profundo”
Para Julissa Villanueva, exviceministra de Seguridad, la explicación del reacomodo criminal resulta insuficiente.
“El verdadero origen de la violencia incesante en Honduras no radica en el simple reacomodo de las estructuras criminales”, señaló.
Villanueva sostiene que detrás del problema existe una relación histórica entre criminalidad, sectores políticos e instituciones estatales.
También cuestionó la falta de políticas públicas integrales dirigidas a atacar las causas que permiten sobrevivir y reproducirse al crimen organizado.
“La normalización de la violencia extrema nos deja a los hondureños casi inertes, sin capacidad de reacción”, advirtió.
Su diagnóstico apunta directamente al funcionamiento de las instituciones de justicia, cuya independencia y autonomía también cuestionó
"No existe una intención real de castigar a los culpables, porque quienes manejan el aparato de justicia carecen de independencia y autonomía, respondiendo a intereses ajenos al bien común", señaló.

Dos diagnósticos frente a las mismas muertes
Las últimas masacres dejan así dos lecturas sobre la mesa: para la Policía, los golpes contra organizaciones criminales están generando presión y obligando a determinadas estructuras a reorganizarse.
Para Villanueva, esa explicación apenas roza la superficie de un problema alimentado durante años por corrupción, debilidad institucional e impunidad.
Las investigaciones de Olanchito y Jutiapa tendrán que establecer quién ordenó los ataques, quién los ejecutó y cuáles fueron sus móviles.
Mientras esas respuestas llegan, nueve muertes ocurridas en cuestión de horas vuelven a mostrar que, independientemente de quién esté moviendo las piezas, la violencia organizada todavía tiene capacidad para golpear con fuerza en Honduras.
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