Emerson Colindres no volvió a Honduras por elección. El 14 de mayo de 2025, mientras intentó regularizar su estatus migratorio en Cincinnati, lo arrestaron agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE). Hoy, el fútbol le brinda una nueva oportunidad en la tierra que lo vio nacer.
El joven, que vivía en Estados Unidos desde los ocho años, construyó una vida en Ohio, rodeado de amigos, profesores, entrenadores y compañeros que lo admiraron. Pero, después que le denegaron su solicitud de asilo, se ejecutó la orden de deportación.
Volvió a un país que ya no reconocía como suyo, cargando con la tristeza del desarraigo y la incertidumbre de empezar de nuevo.
Sin embargo, apenas dos meses después, ese regreso dio paso a algo inesperado: su debut en el fútbol profesional.
Emerson: del sueño truncado al fútbol
Emerson dejó atrás el uniforme de la secundaria Gilbert A. Dater en Hamilton y la ilusión de jugar algún día en una liga universitaria de Estados Unidos.
Cuando su madre, Ada Baquedano, lo llevó a ese país siendo niño, lo hizo buscando un futuro mejor. Ahora, de vuelta en Honduras, Emerson decidió no rendirse.
“No vine a llorar. Vine a trabajar”, dijo con determinación. Y lo cumplió. El balón que lo acompañó toda su vida se convirtió en su tabla de salvación.
Emilio Umanzor y la oportunidad inesperada
La vida lo cruzó con Emilio Umanzor, director técnico del club AFFI Academia, en Choluteca, equipo de la segunda división del fútbol hondureño.
En Emerson vio algo especial: velocidad, técnica, humildad y hambre de gloria. “Es un niño con grandísimas condiciones deportivamente. Y mejor aún en la parte personal. Lo estamos conociendo y dándole seguimiento”, dijo Umanzor.
El sábado 16 de agosto, AFFI lo fichó oficialmente y lo incluyó en el partido de la jornada 2 frente al club Pirata.
Aunque el equipo perdió 2-1, Emerson demostró que está listo para competir. Se mostró participativo, sin miedo, con esa chispa que los grandes tienen desde jóvenes.
Fútbol, un salvavidas para hondureño
Su historia se volvió símbolo en redes sociales. En Estados Unidos, su deportación generó protestas de sus compañeros, maestros y entrenadores, quienes reclamaron justicia para un joven sin antecedentes penales, bien integrado a su comunidad.
Pero ICE no retrocedió. El cambio de administración de Biden a Trump, reactivó su proceso de expulsión, pese al respaldo ciudadano.
Le cerraron la puerta, pero Emerson encontró otra abierta: la del fútbol nacional. “Mi sueño es jugar lo más alto que pueda. Esto es apenas el inicio”, dijo tras su debut.
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De vuelta a casa, pero no al fracaso
Honduras lo recibió en silencio, sin pancartas ni multitudes. Pero Emerson trajo consigo todo el coraje que se necesita para empezar de cero.
Hoy, en cada pase, en cada desmarque, en cada entrenamiento, se juega algo más que un partido: se juega la posibilidad de rehacerse.
