El 14 de junio de 2015, Dimis Lizeth Fuentes regresaba a su hogar en el caserío Cablotillos, municipio de Guayape, acompañada de su hijo menor y montada en un caballo. En la quebrada del sector, tres hombres armados la interceptaron, la bajaron violentamente del animal, la tomaron del cabello y le dispararon en tres ocasiones. El menor presenció la ejecución y sobrevivió para contar la tragedia. Según la Fiscalía, el crimen lo motivó las venganzas entre bandas, entre ellas Los Cascarines.
Los pleitos de bandas es una práctica común en Olancho, donde la vida se convirtió en parte del botín de la violencia.
Los Cascarines y sus delitos en Olancho
Tras años de investigación, la Fiscalía Especial de Delitos Contra la Vida (FEDCV) presentó pruebas que vinculan a Ángel David Saldívar Hernández con el asesinato de Dimis Lizeth.
Un juez dictó auto de formal procesamiento con prisión preventiva, acusándolo de asesinato y asociación para delinquir.
Su captura lo coloca en el centro de la estructura criminal de Los Cascarines, grupo que por años se fortaleció con alianzas estratégicas y el uso del terror como herramienta de control en comunidades rurales.
Cómo operan en Olancho
Los Cascarines no son una banda aislada. De acuerdo con las investigaciones de la Policía Nacional y del Ministerio Público, mantenían una alianza estrecha con el clan “Fuentes Alcántara”.
Con esta agrupación compartieron armas, hombres y tácticas violentas. Este vínculo les permitió ejecutar asesinatos selectivos, sembrar miedo y garantizar impunidad en territorios alejados del alcance estatal.
En Olancho, su estrategia consistía en imponer autoridad mediante amenazas, extorsión y el uso sistemático de la violencia.
La Operación La Vega, que se realizó en agosto de 2015, reveló la magnitud de su estructura: nueve allanamientos en Guayape y Catacamas permitieron decomisar armas de grueso calibre.
En ese decomisó se incluyó una Pietro Beretta y un revólver, además de capturar a varios de sus miembros.
La brutalidad de estas bandas convirtió a comunidades enteras en zonas de silencio, donde pocos se atrevían a denunciar por temor a represalias.
Justicia que tarda, pero no olvida
Los ya condenados Rony Roney y Francisco Humberto Fuentes Alcántara, junto con Levin Arnulfo Mencía Padilla, los identificaron como los autores materiales del asesinato de Dimis Lizeth.
La prisión preventiva contra Saldívar ahora cierra un círculo de impunidad en torno a este caso que permanecía abierto.
La audiencia preliminar se fijó para el 18 de septiembre, donde se definirá el rumbo judicial de Saldívar.
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El eco en Olancho
El asesinato de Dimis Lizeth marcó a Guayape y puso en evidencia el dominio que grupos como Los Cascarines ejercían en la vida cotidiana.
Su captura no significa el fin de la banda, pero sí un mensaje de que la justicia alcanza, poco a poco, a quienes sembraron dolor en Olancho.
En un departamento donde las armas dictaron la ley por décadas, la prisión de un integrante de Los Cascarines abre una grieta de esperanza.
Hoy muchos esperan que los crímenes no queden impunes y que la memoria de las víctimas seguirá reclamando justicia.
