La noche del 29 de junio de 2013, en la aldea Palo de Comba, Victoria, Yoro, la gente no estaba reunida para una fiesta ni ocupando una esquina, estaba dentro de una iglesia.

Era aproximadamente las 7:30 de la noche y en el templo evangélico "Avance Misionero", se desarrollaba una ceremonia religiosa cuando cinco hombres encapuchados aparecieron en el lugar.

Entraron y aquel espacio de oración se convirtió en escenario de una de las matanzas que el Comisionado Nacional de los Derechos Humanos (CONADEH) documentó entre las 36 ocurridas ese año en Honduras.

Cuatro personas murieron y otras resultaron heridas.

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La masacre en Yoro comenzó en pleno culto

Hay escenarios que hacen todavía más difícil comprender un crimen y la iglesia es uno de ellos.

Quienes estaban aquella noche en Palo de Comba llegaron para participar en una ceremonia religiosa. No podían anticipar que cinco desconocidos encapuchados terminarían cruzando la entrada.

El informe de CONADEH establece que los hombres irrumpieron en la iglesia y atacaron a las personas presentes: la masacre en Yoro dejó cuatro muertos.

Las víctimas fueron: los hermanos Selvin Abel y José Francisco Ramírez Euceda, además de Nelson Rosales y Adán Pereira Martínez junto a Nelson Rosales, quien según testigos venía al frente del grupo de los pistoleros y también lo alcanzaron las balas que estos dispararon contra el grupo de feligreses.

El caso

Cuando los disparos pararon

Fueron momentos de terror, mientras ocurría el ataque, quienes estaban dentro de la iglesia intentaron protegerse como pudieron.

Algunos corrieron; otros buscaron dónde resguardarse, los primeros en ser alcanzados por las balas fueron quienes perdieron la vida.

Cuando los pistoleros finalmente se marcharon, comenzó otra carrera: los sobrevivientes buscaron vehículos para trasladar a los heridos hasta los centros asistenciales más cercanos.

Atrás quedó una iglesia trastocada por completo: el púlpito, las biblias y otros objetos del templo conservaban las huellas de lo que acababa de ocurrir.

La tragedia salió después de la iglesia y entró en las casas, los hermanos Ramírez Euceda y Nelson Rosales fueron velados en una humilde vivienda de la aldea, rodeados por familiares que comenzaban a despedirlos.

El cuerpo de Adán Pereira Martínez lo llevaron hasta la comunidad de Cuevita, aproximadamente a un kilómetro del lugar de la masacre, donde sus parientes realizaron el velatorio.

En cuestión de horas, una ceremonia religiosa se convirtió en velatorios separados por apenas un kilómetro.

Siete años huyendo de la justicia

En medio de aquella estela de violencia, hubo expedientes que tardaron años en alcanzar a los señalados.

Uno de ellos fue el de Jimy Orlando Flores Morales, quien permaneció prófugo durante siete años.

La Fiscalía Especial de Delitos Contra la Vida (FEDCV) de San Pedro Sula logró posteriormente que se dictara prisión preventiva contra Flores Morales. La orden de captura se emitió el 27 de agosto de 2013.

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Jimy Orlando Flores Morales, vinculado al asesinato y quien permaneció prófugo durante siete años.

Una noche que comenzó con una ceremonia

Eran aproximadamente las 7:30 de la noche y adentro había una ceremonia religiosa, pero afuera aparecieron cinco hombres con los rostros cubiertos.

Después cruzaron la entrada. La masacre de Palo de Comba dejó cuatro muertos y convirtió una iglesia de Victoria, Yoro, en otra de las escenas que marcaron el violento 2013 hondureño.

Aquella noche, ni siquiera estar reunidos dentro de un templo bastó para quedar fuera del alcance de la violencia.

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