Ni siquiera fue posible contar con certeza a los muertos de una masacre, ese detalle basta para dimensionar la confusión que rodeó una de las masacres más oscuras registradas en Honduras durante 2013.

Ocurrió en una zona donde las distancias, el aislamiento y las rutas clandestinas del narcotráfico convertían cualquier investigación en una carrera cuesta arriba.

Era el 5 de agosto de 2013 y desde la aldea Belén, entre los municipios de Juan Francisco Bulnes y Brus Laguna, en Gracias a Dios, comenzaron a surgir reportes sobre un violento episodio de enormes proporciones.

Las primeras informaciones hablaron de entre 14 y 17 personas muertas, pero había más.

Más de una docena de personas también aparecían como desaparecidas y entre las posibles víctimas había hondureños y extranjeros.

Detras de esa masacre comenzó a asomarse una palabra que durante aquellos años ya pesaba sobre La Mosquitia: narcotráfico.

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Una masacre que comenzó rodeada de versiones

El informe del Comisionado Nacional de los Derechos Humanos (CONADEH) no presenta aquel episodio como un crimen completamente esclarecido.

Lo define como un “confuso hecho violento” y la incertidumbre comenzó por el dato más elemental: cuántas personas habían muerto.

En su cronología, el organismo consignó reportes de entre 14 y 17 fallecidos, además de más de una docena de desaparecidos.

En otra parte del mismo informe, al hacer el balance departamental, estimó que las víctimas mortales habrían sido entre 14 y 16.

La confusión comenzó desde las propias autoridades, los cuerpos policiales de la zona solo confirmaron la muerte de Juan Carlos Villalobos Quiroz o Víctor Javier Francis, conocido como “El Muco” o “Misco”.

Das desde otras instituciones circularon cifras mucho mayores, la Fiscalía del Ministerio Público manejó extraoficialmente que los muertos podían llegar a 17.

El entonces director de Fiscalías, Roberto Ramírez Aldana, explicó que dos grupos al margen de la ley se enfrentaron por la búsqueda de producto ilícito, específicamente drogas y estupefacientes.

Además, que los reportes no oficiales hablaron de 17 fallecidos entre hondureños y posiblemente extranjeros.

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Otras versiones

También señaló que existía información según la cual “El Muco”, de nacionalidad nicaragüense, murió en el enfrentamiento y que su cuerpo pudo haber sido sacado de la zona por vía aérea en una avioneta privada con destino a Nicaragua.

Nada estaba completamente cerrado, mientras la Fiscalía esperaba informes de las fuerzas de seguridad y de las Fuerzas Armadas, otra versión agregó un dato todavía más pesado: la disputa habría sido por unos 700 kilos de cocaína.

Según información atribuida a las Fuerzas Armadas, ese cargamento detonó el enfrentamiento entre grupos que operaban entre Colón y Gracias a Dios.

Las autoridades también sostenían que “El Muco” llegó a la zona con tres lanchas y al menos 40 hombres para participar en el trasiego de droga.

La pelea por la mercancía terminó, según esa versión, en un prolongado tiroteo que mantuvo en zozobra a los pobladores de la zona.

No solo había muertos sin contar con certeza; también hubo versiones cruzadas sobre quién murió, cuántos fueron, qué droga estaba en disputa y cómo salió uno de los cuerpos del lugar.

Belén, entre Juan Francisco Bulnes y Brus Laguna

La aldea Belén está ubicada en Gracias a Dios, entre los municipios de Juan Francisco Bulnes y Brus Laguna, según la ubicación consignada en el informe.

Era un escenario profundamente distinto a los barrios de San Pedro Sula donde aquel mismo año también se acumularon matanzas.

Aquí la violencia aparecía en una de las regiones más aisladas del país y el episodio mezcló posibles rutas del narcotráfico, víctimas de diferentes nacionalidades y personas cuyo paradero aparecieron como desconocido en los primeros reportes.

Cuatro nombres aparecieron entre los posibles muertos

CONADEH registró entre los “supuestos muertos” a Freddy Otoniel Ramos, Julio Ramos y Juan Carlos Villalobos, alias “El Muco”, a quien identificó como de origen nicaragüense.

También apareció mencionada una cuarta persona: un ciudadano mexicano cuya identidad no se estableció.

Pero esos cuatro nombres estaban lejos de resolver la dimensión del episodio y si los primeros reportes eran correctos, faltaron muchas víctimas por identificar.

Y además permanecía otra interrogante: más de una docena de personas figuraban como desaparecidas.

La matanza tenía así muertos posiblemente identificados, otros sin nombre y personas cuyo destino todavía era incierto.

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Estas imágenes formaron parte de los registros que circularon tras la tragedia de agosto de 2013 en Gracias a Dios. Foto: redes sociales.

El narco dejó más preguntas que nombres

Trece años después, sería fácil convertir los vacíos en certezas para hacer más espectacular la historia y no hace falta.

La incertidumbre es precisamente lo que vuelve inquietante aquel expediente y en una aldea de Gracias a Dios ocurrió una matanza de tal magnitud que los primeros reportes hablaron de hasta 17 muertos y más de una docena de desaparecidos.

La violencia dejó muertos, desaparecidos y nombres incompletos, pero también algo todavía más difícil de borrar.

Fue una masacre de la que ni siquiera pudo establecerse con certeza cuántas personas perdieron la vida.

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