Para la población migrante que parte de Venezuela, Colombia y otros países de la región, el camino hacia el norte suele interrumpirse en México o Estados Unidos.
Cuando el sueño se detiene abruptamente, Honduras aparece en el mapa como un refugio inesperado, un lugar alternativo donde los retornados encuentran algo más que un tránsito: hallan humanidad.
Liz Ramos, asistente senior de Gestión de Información de la OIM, lo resumió así: “Honduras es uno de los cuatro países considerados como alternativa en caso de no llegar a su destino final”.
Honduras y la solidaridad al migrante
El factor que diferencia a Honduras no está en sus carreteras ni en sus fronteras, sino en la gente.
Las comunidades locales convierten la solidaridad en un escudo frente a la dureza del viaje.
Familias que ofrecen comida, techo o una palabra de ánimo, junto a organizaciones que brindan asistencia humanitaria, marcan la diferencia.
Para Ramos, este gesto humano es determinante: los migrantes sienten en Honduras una seguridad que contrasta con el rechazo y los riesgos que viven en otros tramos de la ruta.
Migración bajo la lupa de la OIM
Desde 2004, la OIM aplica en la región su matriz de seguimiento de desplazamiento, una herramienta que permite identificar con precisión los flujos migratorios, internos o en tránsito.
Según Ramos, se trata de un sistema estandarizado que abre la puerta a comparaciones regionales y facilita entender cómo se mueven los migrantes para responder de forma adecuada.
No obstante, el trabajo en campo enfrenta sus propios riesgos. Muchos migrantes viajan en horarios nocturnos, cuando la seguridad se reduce al mínimo.
“Por temas de seguridad, tanto del encuestador como de los encuestados, evitamos esos horarios”, aclaró Ramos.
Derechos en riesgo: la discriminación persiste
El jefe de la Unidad de Soporte a Programas de la OIM, Ismael Cruceta, dijo que en Honduras existe un esfuerzo coordinado entre el gobierno, Naciones Unidas y la cooperación internacional para proteger a quienes transitan por el país.
Sin embargo, advirtió que las encuestas recientes muestran un fenómeno preocupante: la discriminación por nacionalidad.
Aunque no siempre ocurre en Honduras, los testimonios de migrantes evidencian que esta forma de rechazo los acompaña en distintos tramos de la ruta.
“Sí hay un trabajo muy robusto de atención humanitaria”, afirmó Cruceta, pero recalcó que estos hallazgos obligan a replantear las estrategias de protección.
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Honduras en el mapa de la esperanza
Pese a sus propios desafíos, Honduras se convierte en un territorio donde la migración encuentra un alto distinto: más seguro, más humano.
La OIM insiste en que reforzar la solidaridad de las comunidades y la coordinación institucional es clave para mantener ese papel.
Honduras se dibuja entre fronteras y sueños como un refugio donde la población migrante descubre, que todavía hay espacio para la dignidad.
