Entre las 11:00 de la noche y las 3:00 de la madrugada hay quienes recorren las calles de Tegucigalpa buscando carros estacionados. No necesitan abrirlos ni encenderlos. Les bastan unos segundos frente a cada vehículo para arrancar los retrovisores y desaparecer antes de que alguien despierte.
El robo de retrovisores es un delito silencioso que se mueve de colonia en colonia mientras la ciudad duerme.
Florencia Norte, Tres Caminos, Rubén Darío, Residencial Plaza, La Era, Payaquí y la 21 de Febrero figuran entre los sectores donde vecinos denuncian este tipo de robos.
Las cámaras de seguridad se vuelven testigos de lo que ocurre durante la madrugada.
Los videos muestran movimientos rápidos: los sospechosos se acercan a los automóviles, desprenden las piezas y continúan su recorrido.
Algunos utilizan cascos de motocicleta para ocultar sus rostros; otros aparecen encapuchados.
La intención parece clara: aunque queden registrados por las cámaras instaladas en viviendas y negocios, dificultar su identificación.
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“Dos veces me han llevado los retrovisores”
Para algunas víctimas, el problema no termina después del primer robo.
“Dos veces me han llevado los retrovisores. Eso le demuestra a usted que los ladrones sí regresan al mismo lugar”, relató con impotencia un abogado que conversó con tunota.com.
Su experiencia revela otra cara del fenómeno: los delincuentes pueden volver a sectores donde ya encontraron vehículos vulnerables.
El golpe puede parecer pequeño frente al robo de un automóvil, pero para quien lo sufre significa quedarse sin una pieza indispensable, gastar dinero para reponerla y cargar con la sensación de que el vehículo puede volver a ser atacado cualquier otra noche.

Segundos bastan para llevarse varios
La rapidez es una de las claves del robo de retrovisores. Quienes participan en estos hechos desarrollan la destreza suficiente para desprender las piezas en cuestión de segundos.
Ese método les permite desplazarse por una calle y atacar varios automóviles antes de abandonar el sector.
Los videos difundidos en redes sociales dejan evidencia de esa velocidad. Mientras los propietarios duermen, los sospechosos pueden caminar entre los vehículos estacionados y seleccionar aquellos de los que resulta más fácil retirar las piezas.
Cuando amanece, el dueño encuentra el daño. “Da mucha rabia. Me robaron cuando visitaba a mi madre y me tocó irlos a comprar a Comayagüela. Uno ya ni denuncia, no se hace nada, no hay consecuencias para los ladrones”, relató otra víctima en la capital.
Su frase retrata uno de los efectos menos visibles de estos robos: ciudadanos que, después de convertirse en víctimas, prefieren asumir el costo y buscar un repuesto antes que presentar una denuncia.
Dos menores de 14 años detenidos
La Policía ya tiene bajo la lupa a grupos que se dedicarían a esta modalidad delictiva.
De acuerdo con información policial, una de las células detectadas operaría desde el sector de Suyapa.
En las acciones realizadas contra ese grupo fueron detenidos dos menores de apenas 14 años.
El caso, sin embargo, representa solo una parte del problema que investigan las autoridades.
La Dirección Policial de Investigaciones (DPI) informó que mantiene bajo investigación a varias bandas dedicadas al robo de retrovisores y otros accesorios de vehículos en zonas residenciales y comerciales de Tegucigalpa.
Las denuncias procedentes de diferentes puntos de la ciudad muestran además que el fenómeno no se concentra en una sola colonia.

Robo de retrovisores alimenta un mercado
Detrás del espejo arrancado en segundos existe otra pieza indispensable para que el negocio continúe: alguien tiene que comprarlo.
Según información recopilada sobre esta modalidad, los retrovisores sustraídos durante la noche posteriormente son revendidos en puntos conocidos de Tegucigalpa y Comayagüela.
Así, una pieza que desaparece de un vehículo durante la madrugada vuelve al mercado horas o días después.
Y mientras exista dónde colocar lo robado, las bandas tienen un incentivo para regresar a las calles.
Para las víctimas queda una paradoja difícil de ignorar: después de levantarse y descubrir que alguien arrancó una pieza de su automóvil, deben salir a buscar otra para reemplazarla, mientras desconocen de dónde salió el retrovisor que ahora les ofrecen.
Entre las 11 de la noche y las 3 de la mañana, cuando ventanas y puertas se cierran y buena parte de Tegucigalpa duerme, otros comienzan su recorrido.
Les bastan unos segundos, una calle con varios carros estacionados y una pieza que después puedan convertir en dinero.
Al amanecer, lo único que dejan detrás es el vehículo mutilado y la sensación de que la siguiente madrugada pueden volver.
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