Un narco colombiano llevaba años viviendo como cualquier otro vecino hondureño: tenía documentos nacionales, una licencia para conducir, una identidad que no era la suya y una vida construida lejos de Colombia, donde era buscado por delitos relacionados con tráfico de drogas.
Su escondite no estaba en una selva remota ni detrás de un ejército de escoltas; estaba en Honduras, donde cruzó la frontera por La Mosquitia, cambió de nombre y logró mantenerse fuera del alcance de la justicia internacional durante varios años.
Su verdadera identidad era Fermín García Isaza, pero en Honduras respondía al nombre de Renan Pich Greham.
Bajo esa fachada se estableció en los municipios de Sabá y Sonaguera, en el departamento de Colón, desde donde, según las investigaciones, se convirtió en un enlace clave para el movimiento de cargamentos de cocaína entre productores colombianos y organizaciones criminales hondureñas.
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El narco colombiano y el camino que lo llevó a Honduras
Las investigaciones de la Dirección de Lucha Contra el Narcotráfico (DLCN) establecieron que García Isaza ingresó ilegalmente al país por el sector de La Mosquitia, en Gracias a Dios.
El narco colombiano buscó escapar de una orden de captura internacional vigente desde 2010.
Las autoridades colombianas lo señalaban por los delitos de tráfico, fabricación y porte agravado de estupefacientes.
La solicitud de captura la promovió la Fiscalía Especializada de San Andrés, pero durante años el prófugo consiguió mantenerse fuera del radar mientras levantaba una nueva identidad en territorio hondureño.
Según la información compartida entre Honduras y Colombia, el narco colombiano integró la estructura criminal liderada por el colombiano conocido con el alias de "Chino", identificado como Lino Mario Jay, donde ocupó el segundo nivel de mando dentro de esa organización.

La identidad falsa que lo protegió
No solo cambió de nombre, también consiguió documentos oficiales hondureños. y cuando lo capturaron, las autoridades encontraron una tarjeta de identidad emitida por el Registro Nacional de las Personas en Puerto Lempira, Gracias a Dios.
Además le hallaron una licencia de conducir, ambas con su fotografía, pero bajo la identidad de Renan Pich Greham.
Ese hallazgo dio origen a un proceso adicional por el delito de uso indebido de nombre, al considerar que utilizó documentación oficial para ocultar su verdadera identidad mientras permanecía en el país.
La investigación reflejó hasta dónde llegó su proceso de integración en Honduras: dejó de ser únicamente un fugitivo para convertirse, sobre el papel, en un ciudadano hondureño.
La captura que terminó con el escondite
Todo terminó en marzo de 2016, cuando los fiscales contra el Crimen Organizado y agentes de la DLCN ejecutaron un operativo en Colón.
Durante el allanamiento le encontraron 26,400 dólares y 90,000 lempiras en efectivo, eran casi un millón de lempiras al tipo de cambio de la época.
Ese dinero dio paso a una acusación por lavado de activos, además del proceso por el uso de documentos hondureños bajo una identidad falsa.
La captura también confirmó que el hombre logró permanecer oculto durante todo ese tiempo viviendo dentro de Honduras.

La condena
Tiempo después de su captura, Fermín García Isaza se sometió a un procedimiento abreviado ante la justicia hondureña.
El proceso concluyó con una condena de ocho años de prisión por el delito de lavado de dinero.
Su historia se convirtió en uno de los casos que evidenciaron cómo las redes del narcotráfico no solo trasladaban cargamentos de droga por Centroamérica.
También movían personas, fabricaban nuevas identidades según informaron las autoridades.
Pero además, encontraban en las debilidades institucionales la oportunidad para desaparecer, al menos durante un tiempo, detrás de un nombre que nunca les perteneció.
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