El modelo de seguridad de Nayib Bukele, presidente de El Salvador, genera una mezcla de admiración y controversia.
Con un 90 % de aprobación en su gestión, el mandatario es elogiado por su capacidad para reducir los índices de violencia en un país que históricamente vivió bajo el control de pandillas.
Sin embargo, este modelo no solo recibe aplausos. Expertos y líderes políticos en América Latina advierten que replicar su enfoque en otros países podría tener consecuencias graves.

El origen del éxito de Bukele
En sus primeras intervenciones, Bukele prometió un giro radical en la forma de abordar la seguridad.
Tomó medidas drásticas como la implementación de un régimen de excepción, que otorga al gobierno poderes especiales para detener a miles de personas sospechosas de ser parte de las pandillas.
La estrategia fue efectiva: los homicidios cayeron drásticamente y El Salvador pasó de ser uno de los países más violentos del mundo a uno de los más seguros de América Latina.
En una reciente intervención, Bukele comparó la situación de El Salvador con la de México, argumentó que la población de 28 de los 32 estados mexicanos es inferior a la de su país.
Según Bukele, con los recursos de México, la seguridad podría resolverse más fácilmente.
“28 de los 32 estados de México tienen una población igual o menor a la de El Salvador. ¿Por qué, entonces, no pueden resolver el tema de la seguridad en un solo Estado con menos habitantes que El Salvador, teniendo los recursos de un país con 130 millones de habitantes?”, publicó en su cuenta de X.
Esta comparación fue un punto de tensión con la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, quien decidió no entrar en controversias.
“No voy a entrar en debate con Bukele. La verdad, podríamos aquí hacer todo un debate sobre la forma en que ellos están afrontando eso”, respondió de manera evasiva, eludiendo confrontaciones directas.
El modelo de Nayib Bukele
Cuando el presidente Nayib Bukele se enfrentó a una ola de homicidios en El Salvador, con 87 muertes violentas en solo tres días, la situación se tornó insostenible.
En ese momento, Bukele decidió tomar medidas extremas para restaurar el orden. A pesar de la advertencia de que la violencia podría disminuir su nivel de aprobación, optó por implementar el régimen de excepción.
La reacción fue inmediata: en cuestión de días, los homicidios se redujeron a cero, y los pandilleros, temerosos de las nuevas medidas, se ocultaron.
Sin embargo, Bukele estaba consciente de que este éxito momentáneo requería ser consolidado, lo que significó mantener la presión sobre las pandillas, independientemente de las consecuencias políticas.
Con una estrategia clara, buscó devolver la sensación de seguridad a su población, aún a costa de los riesgos asociados con la represión.
¿Replicarlo o no?
Eugenio Garza Herrera, prominente empresario mexicano, destacó el éxito de Bukele en El Salvador, señalando que el 90 % de aprobación en su país refleja la efectividad de sus decisiones.
En un foro con empresarios en El Salvador, Garza destacó el cambio positivo que Bukele ha traído, desde la reducción de la violencia hasta el fortalecimiento de la economía.
“No es fácil tener el 90 % de aprobación, significa decisiones muy importantes”, afirmó Garza, haciendo hincapié en la admiración que el modelo genera en el sector empresarial.
Sin embargo, esta admiración empresarial no es compartida por todos. Para la analista en seguridad Mirna Flores, de Honduras, el modelo de Bukele es un ejemplo de un enfoque autoritario que pone en riesgo los derechos humanos.
“Cada país tiene sus propias realidades. El modelo de Bukele puede funcionar en El Salvador por el contexto político y social en el que se encuentra, pero no es sostenible ni aplicable a países con contextos distintos”, señala Flores.
La analista advierte sobre el riesgo de violaciones a los derechos humanos si se intenta replicar sin considerar las particularidades de cada nación.
La crítica de expertos: ¿un modelo autoritario?
Celia Medrano, analista salvadoreña, también se mostró crítica con el enfoque de Bukele.
Medrano señaló que más que un modelo de seguridad, lo que existe es una propaganda autoritaria.
“Esto no es un modelo, es una narrativa política que busca imponer un régimen fascista que recurre a la represión y a la fabricación de enemigos como responsables de todos los problemas”, indicó Medrano.
Según ella, el éxito de Bukele en El Salvador no es más que una solución a corto plazo que pone en peligro la democracia y los derechos fundamentales de los ciudadanos.
“La seguridad no puede ser garantizada a costa de la violación de derechos humanos”, concluye Medrano.

La realidad del modelo
Aunque en El Salvador, Bukele logró reducir los homicidios de manera impresionante, la sostenibilidad de su modelo ha sido cuestionado.
La megacárcel y el régimen de excepción permiten al gobierno de Bukele ganar el control de las pandillas, pero estas medidas son criticadas por organismos internacionales que señalan que estas políticas violan el Estado de Derecho.
La analista Mirna Flores advierte que las políticas de seguridad implementadas por Bukele podrían ser insostenibles a largo plazo.
"La violencia no se resuelve solo con represión. Debe abordar las causas profundas de la criminalidad, la pobreza y falta de oportunidades", señala Flores.
De lo contrario, la violencia no se erradicará, solo se desplazará, según la visión de la analista.
Enfoque integral
A pesar de las críticas, muchos coinciden en que la región enfrenta un grave problema de inseguridad que requiere soluciones urgentes.
Sin embargo, como señala tanto la presidenta mexicana como los analistas, aplicar el modelo Bukele sin tener en cuenta las particularidades de cada país podría ser una receta para el fracaso.
“Cada país tiene su propio contexto, y lo que funciona en uno no necesariamente funcionará en otro”, concluye Flores.
La clave, según expertos, es adoptar enfoques integrales que no solo incluyan medidas de seguridad, sino también políticas de desarrollo económico y bienestar social.
El modelo Bukele, a pesar de sus éxitos en El Salvador, no es una solución universal. Mientras algunos lo ven como un camino hacia la seguridad, otros lo consideran insostenible y peligroso.
La clave está en encontrar un equilibrio que permita garantizar la seguridad sin sacrificar los derechos fundamentales de los ciudadanos.
La lección es clara: la seguridad no debe ser un lujo, pero la libertad tampoco debe ser un precio que se pague por ella.
