En el corazón del Corredor Seco, donde la pobreza y la inseguridad alimentaria empujan a miles de niñas y niños hacia la migración, surge una iniciativa que busca cambiar la narrativa: las Escuelas de campo y de vida para jóvenes agricultores.
Este proyecto, liderado por la Organización de la Naciones Unidas para la Alimentación FAO en colaboración con organismos internacionales, capacita a adolescentes rurales en prácticas agrícolas sostenibles, brindándoles alternativas al trabajo infantil y a la migración forzada.
Con un enfoque en resiliencia climática y transición educativa, estas escuelas buscan romper el ciclo de vulnerabilidad que atrapa a las familias rurales en la región.
Las escuelas de campo
El proyecto, CLEAR Supply Chains, financiado por la Unión Europea, busca fortalecer los medios de vida de pequeños caficultores, reduciendo su dependencia del trabajo infantil.
Entre las acciones destacadas está el piloto de Escuelas de campo y de vida para jóvenes agricultores, que capacita a adolescentes rurales sobre prácticas agrícolas sostenibles y adaptación al cambio climático.
Además, se les brinda apoyo para facilitar su transición entre la escuela y el trabajo, ofreciéndoles una alternativa a la migración forzada.
Niñez migrante en el Corredor Seco
Según cifras del Instituto Nacional de Estadística (INE) y la Organización Internacional del Trabajo (OIT), más de 370,000 niñas y niños en Honduras están expuestos a trabajos peligrosos.
Los menores están laborando en el sector agroindustrial, la venta ambulante y el trabajo doméstico. Esta alarmante cifra equivale aproximadamente al 14 % de la población infantil del país.

El perfil de los menores
La migración de menores en Honduras, Guatemala y El Salvador no es un fenómeno nuevo, pero su composición y causas han cambiado drásticamente en los últimos años.
De acuerdo con la OIT, el perfil típico de la niñez migrante en estos países corresponde a niñas y niños de 14 a 17 años, provenientes de zonas rurales empobrecidas, con vínculos familiares fragmentados y expuestos a violencia e intimidación.
Edgardo Molina, coordinador del proyecto Binacional Honduras-Guatemala en migración, explica que gran parte de la emigración en la región está vinculada a los efectos del cambio climático, que han obligado a numerosas familias a desplazarse.
"Esas familias, muchas veces divididas, sueñan con reunirse, y la mayoría migra en busca de la reunificación", señala Molina.
Sin embargo, también destaca que la falta de opciones educativas y laborales agrava la situación, dejando a las comunidades con pocas alternativas.
Además, mencionan otro fenómeno preocupante: los altos índices de embarazo adolescente, en los que, en muchos casos, los padres emigran llevándose a sus hijos. "Esto es lo que está ocurriendo", concluye.
Sin embargo, su travesía está plagada de riesgos, desde la exposición a violencia y maltrato hasta la incorporación en trabajos informales y peligrosos, como el trabajo adolescente en la agricultura.
Trabajo infantil y migración
En el Corredor Seco, el trabajo infantil está intrínsecamente ligado a la migración. Según la FAO, el sector agrícola concentra la mayor parte del trabajo infantil en estos países, con ciclos de cosecha que determinan patrones de migración estacional.
Los menores migran en tres formas principales:
Por ello, la migración se convierte tanto en causa como en consecuencia del trabajo infantil.
Mientras huyen de la pobreza, terminan involucrándose en actividades agrícolas peligrosas, perpetuando el ciclo de explotación.
Factores estructurales que impulsan la migración
Diversos factores estructurales empujan a la niñez migrante hacia esta realidad:
- Pobreza rural y falta de ingresos en sus hogares.
- Inseguridad alimentaria, exacerbada por desastres naturales.
- Falta de oportunidades educativas y laborales.
- Elevados niveles de violencia, que despojan a los menores de una infancia segura.
Durante las rutas migratorias, los menores enfrentan abandono escolar, falta de servicios básicos, violencia, trabajo informal y, en muchos casos, la muerte.
Recomendaciones para un cambio sistémico
El estudio de la FAO propone soluciones integrales para abordar esta problemática:
- Generar más evidencia sobre el vínculo entre migración y trabajo infantil.
- Brindar formación y acceso a empleos decentes para jóvenes rurales.
- Fortalecer los medios de vida de sus familias, con resiliencia climática.
- Mejorar las capacidades institucionales para prevenir y erradicar el trabajo infantil.
- Incorporar enfoques de género y equidad étnica-racial en las políticas públicas.
Convertir la migración en una opción y no en una necesidad requiere acciones coordinadas entre gobiernos, organismos internacionales y el sector privado.
Por ello es clave proteger a la niñez migrante, y construir sistemas agroalimentarios sostenibles no solo es un imperativo moral, sino una necesidad urgente para quebrar el ciclo de pobreza y explotación que define a la región del Corredor Seco.
