No era únicamente el alias, "El Ejecutor" era el nombre bajo el cual los investigadores seguían desde hacía meses a Olvin Leonel Zambrano Pérez, a quien las autoridades señalaban como presunto cabecilla y sicario de la Pandilla 18.
Quienes estuvieron detrás de las investigaciones lo describen con tres palabras que retratan la dimensión que alcanzó dentro de los archivos policiales: “Estratega, calculador y sanguinario”.
“Era frío”, recuerda un agente de investigación al referirse al perfil que construyeron sobre él.
Pero detrás de aquella descripción surge una interrogante: ¿Cuántas víctimas cargó realmente “El Ejecutor” en su historial?
Las autoridades nunca dieron una cifra, pero sí lo colocaron entre los individuos considerados de alta peligrosidad y lo relacionaron con una cadena de actividades criminales que iba mucho más allá del sicariato.
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"El Ejecutor" y el expediente que creció
El nombre de Olvin Leonel Zambrano Pérez ya había aparecido años antes en registros policiales.
En 2015, cuando tenía unos 25 años, lo detuvieron durante la denominada Operación Escoba, ejecutada en Tegucigalpa.
En aquel momento lo señalaron como supuesto integrante de la Pandilla 18 y se le investigó por delitos relacionados con sicariato, robo y robo de vehículos.
Cinco años después, su nombre volvería a aparecer, pero para entonces ya había un alias detrás: “El Ejecutor”.
Las investigaciones lo situaron presuntamente en actividades de extorsión, sicariato, venta y distribución de drogas, tráfico de armas, asaltos y robo de vehículos.
Los investigadores también ubicaron su radio de operación en sectores de la capital como barrio Lempira, la Divanna, Villa Adela y la colonia Centroamericana.
La Policía sostenía además que participó, junto con otro cabecilla, en asesinatos contra víctimas de extorsión y miembros de estructuras rivales.
No se reveló cuántos homicidios le atribuían, ese número quedó guardado —si alguna vez se estableció— dentro de las investigaciones.

Un hombre al que seguían desde hacía meses
Para mediados de 2020, “El Ejecutor” ya estaba en el radar de la entonces, Fuerza Nacional Anti Maras y Pandillas (FNAMP).
Los agentes aseguraron que llevaban varios meses siguiéndole la pista, intentando ubicar sus movimientos hasta encontrar el momento para detenerlo.
Un episodio ocurrido apenas semanas antes de su caída reforzó el interés sobre él, según informaron, el 13 de junio de 2020 Zambrano Pérez, participó en un atentado contra agentes policiales.
Durante aquel hecho resultó herido, logró escapar, pero la búsqueda continuó y cuando finalmente lo encontraron, se recuperaba de aquellas lesiones.
La caída
La persecución terminó el 22 de julio de 2020 y los agentes llegaron hasta el barrio Lempira, en Comayagüela, uno de los sectores donde las investigaciones ubicaron sus movimientos.
Allí cayó Olvin Leonel Zambrano Pérez, de 31 años, la FNAMP lo presentó entonces como un presunto cabecilla de la Pandilla 18 y uno de los individuos de alta peligrosidad.
Para los investigadores no capturaron simplemente a otro supuesto miembro de la estructura, llegaron hasta un hombre cuyo perfil, lo marcó la frialdad, la capacidad para planificar y la violencia.
“Estratega, calculador y sanguinario”, así lo describió un agente.

Un personaje con historia
Lo llamaban “El Ejecutor”, lo vincularon con sicariato y lo colocaron entre los integrantes peligrosos de la Pandilla 18.
Lo que se conoció públicamente se redujo a las piezas que aparecieron alrededor de su expediente: una primera detención años atrás, diferentes delitos bajo investigación, sectores donde operó, un enfrentamiento del que escapó herido y meses de vigilancia antes de volver a caer.
Para julio de 2020, la persecución terminó y el hombre al que los investigadores describían como peligroso, lo detuvieron.
Lo que nunca revelaron fue cuánta sangre había detrás del alias que lo convirtió en “El Ejecutor”.
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