El 23 de septiembre de 2024, en una audiencia presidida por la jueza Lorna G. Schofield en la Corte del Distrito Sur de Nueva York, Fabio Porfirio Lobo, hijo del expresidente de Honduras Porfirio Lobo Sosa, recibió la sentencia de "tiempo cumplido", que marca el final de su condena.

En compañía de sus abogadas Lorraine Gauli-Rufo y Hannah Eaves, Lobo compareció para escuchar la enmienda a la sentencia impuesta en 2017, en la que lo declararon culpable de cargos relacionados con el narcotráfico.

La fiscalía, representada por David Robles, y el tribunal señalaron que Lobo ya había cumplido la pena impuesta y los dos años de libertad supervisada.

Asimismo, la jueza Schofield ordenó que Lobo acatara las leyes migratorias, lo que le obliga a someterse al proceso ante el Servicio de Inmigración de Estados Unidos, para enfrentar una posible deportación si su solicitud de asilo no se acepta.

El caso

El caso de Fabio Lobo ha estado ligado a uno de los juicios más mediáticos de la política hondureña.

Arrestado en Haití en 2015, Lobo se declaró culpable de narcotráfico, pero fue su colaboración en el juicio contra el expresidente Juan Orlando Hernández lo que le permitió una reducción significativa de su condena.

En febrero de 2024, su testimonio fue crucial para la condena de 45 años de Hernández, al exponer la conexión entre narcotráfico y sobornos en Honduras.

El expresidente Porfirio Lobo confirmó la noticia y reconoció el papel de su hijo en el juicio de Hernández:

"Fabio pagó con nueve años de cárcel en Estados Unidos., a pesar de haber sido condenado a 24 años, pero su colaboración fue determinante para su liberación".

Con la liberación de Fabio Porfirio Lobo, se cierra uno de los capítulos más significativos que vincula a figuras políticas hondureñas de alto nivel con el narcotráfico, un tema recurrente en los tribunales estadounidenses.

Ahora, queda en manos del sistema migratorio decidir el destino de Lobo, quien aguarda la resolución de su solicitud de asilo.