Fabio Porfirio Lobo, el hijo del expresidente hondureño Porfirio Lobo (2010-2014), está libre. Así lo confirmó a tunota.com un familiar cercano: “Sí, está libre en Nueva York”.
Luego de casi una década tras las rejas por conspirar para traficar cocaína a Estados Unidos y tras meses retenido en una instalación de inmigración, Fabio Lobo comenzó una nueva etapa bajo libertad supervisada.
La decisión fue firmada por la jueza federal Lorna G. Schofield, la misma que lo condenó en 2017 y que ahora le otorgó dos años de libertad supervisada, como parte del cumplimiento final de su sentencia y en observancia de las leyes migratorias de Estados Unidos.
Una caída que estremeció a la política hondureña
A Lobo lo arrestaron en Haití en mayo de 2015 y trasladado a Nueva York, donde enfrentó cargos por conspiración para el tráfico de cocaína.
Se declaró culpable ese mismo año. Tenía 46 años y una historia de conexiones políticas que la jueza no dejó pasar por alto.
“Usted era el hijo del presidente de Honduras en funciones. Usted usó sus conexiones, facilitó un fuerte apoyo gubernamental a una organización de narcotráfico (…) Abusó de quien usted era para perpetrar este crimen”, le dijo en la audiencia la jueza Schofield.
La Fiscalía pedía al menos 30 años. Él lloró, pidió perdón, habló de sus hijas, en ese entonces de 5, 13 y 19 años y suplicó una condena menor.
La jueza, aunque no fue condescendiente, dictó una pena de 24 años de prisión y cinco de libertad condicional. Pero Fabio terminó cumpliendo menos de diez.
El testigo inesperado en el juicio de JOH
El año 2024 cambió el destino de Fabio Lobo. Desde su celda, accedió a ser testigo clave en uno de los juicios más explosivos para Honduras: el de Juan Orlando Hernández, expresidente acusado de narcotráfico.
Su testimonio no solo expuso las entrañas del narcoestado, sino que también involucró directamente a su propio padre, el expresidente Porfirio Lobo.
Fabio afirmó ante las autoridades estadounidenses que su padre estaba al tanto y apoyaba los tratos con narcotraficantes. No fue una traición política; fue un giro desesperado por acortar su condena.
Esa colaboración resultó crucial. Meses después, y en silencio, la misma jueza Schofield que lo sentenció firmó su carta de libertad.
De la celda a la calle, pero bajo vigilancia
Tras esa decisión judicial, el Buró Federal de Prisiones trasladó a Lobo al Servicio de Inmigración, como parte del proceso final para migrantes condenados.
Durante meses, estuvo retenido sin acceso libre al exterior, hasta que finalmente, hace pocos días, le abrieron las puertas.
Ahora está en Nueva York, bajo libertad supervisada, sin posibilidad de salir del país ni de moverse sin autorización.
No es una libertad plena, pero es la primera vez desde 2015 que Fabio Lobo puede caminar por las calles sin grilletes.
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¿Y ahora qué?
Su nombre sigue siendo símbolo de cómo el narcotráfico penetró las altas esferas del poder hondureño. Su caso marcó un antes y un después.
Fue el primer hijo de un expresidente latinoamericano condenado por narco en Estados Unidos. Y su testimonio ayudó a derribar a otro mandatario.
El tiempo dirá si Fabio Lobo intenta rehacer su vida en silencio, o si decide hablar. Por ahora, está fuera. Está libre. Pero no olvidado.
