"Nos detuvo la Policía, pero creo que esos hombres no son policías". Ese fue el último aviso que Ana Luisa Dubón alcanzó a dar a su familia el mediodía del 5 de agosto de 2008.

Minutos antes, el vehículo en el que viajaba junto a su esposo, Rafael Antonio Hidalgo Niño, y dos acompañantes los detuvieron en un falso retén policial instalado en el desvío hacia Las Minas, en Santa Bárbara.

Aquel control resultó ser una trampa de la que ninguno salió con vida y horas más tarde, los cuatro aparecieron asesinados.

Dieciocho años después, aquel cuádruple crimen continúa impune y permanece como uno de los casos más recordados de violencia en el occidente de Honduras.

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Falso retén que terminó siendo una emboscada

Las víctimas fueron identificadas como Rafael Antonio Hidalgo Niño, de 28 años; Orlin Ernesto Dubón Rodríguez, de 28; Claudino Martínez Pérez, de 27, y Ana Luisa Dubón, de 26, esposa de Hidalgo.

Según la investigación, hombres vestidos como policías detuvieron el vehículo en el que viajaban bajo el argumento de realizar una inspección por la supuesta portación de un arma de fuego.

La familia relató posteriormente que Ana Luisa alcanzó a llamar para advertir que desconfiaba de quienes los habían detenido.

La mujer notó que el comportamiento de los supuestos agentes no correspondía al de un procedimiento policial.

Esa sospecha terminó convirtiéndose en una tragedia y los cuatro fueron obligados a abandonar la carretera.

Los uniformados los trasladaron hasta una zona conocida como La Balastrera, en la comunidad de Mezcalito, donde los ejecutaron.

Los cuatro asesinados

La segunda llamada estremeció a la familia

Los familiares contaron a las autoridades que, antes del crimen, los captores permitieron otra comunicación telefónica.

Mientras escuchaban del otro lado de la línea, comenzaron las detonaciones. Aquella llamada se convirtió en el último contacto con las víctimas.

Pocas horas después, las autoridades localizaron los cuerpos sin vida.

Torturas, esposas y múltiples disparos

El informe forense reveló que los tres hombres presentaban signos de tortura compatibles con descargas eléctricas.

Además, fueron encontrados inmovilizados con esposas comerciales similares a las utilizadas por cuerpos de seguridad, aunque el Ministerio Público aclaró en ese momento que no pertenecían al equipo oficial de la Policía Nacional.

Las víctimas también presentaban múltiples impactos de bala provocados por armas calibre nueve milímetros y fusiles AK-47.

Mientras tanto, la camioneta Toyota Four Runner gris en la que se transportaban fue encontrada abandonada horas después en el sector de Mandinga, antes de llegar a Quimistán.

falso operativo

La principal hipótesis apuntó a una venganza

Desde los primeros días de la investigación, la Policía sostuvo que el ataque habría estado dirigido contra Rafael Antonio Hidalgo Niño, conocido con el alias de "El Fay".

Las autoridades señalaron que Hidalgo recuperó su libertad meses antes, luego de permanecer detenido por procesos relacionados con presuntos delitos relacionados al robo de vehículos.

Para los investigadores, el falso retén fue el mecanismo que usaron para detener el vehículo sin despertar sospechas y facilitar una ejecución previamente planificada.

Un expediente que el tiempo no logró cerrar

El asesinato de los cuatro jóvenes provocó indignación en Copán y Santa Bárbara. En ese momento, incluso familiares señalaron sus sospechas sobre la posible participación de policías.

Sin embargo, las investigaciones nunca lograron establecer de forma concluyente quiénes montaron el falso retén ni quiénes ejecutaron el crimen.

A casi dos décadas de aquella tarde de agosto, el caso permanece como un recordatorio de una época en la que los falsos retenes sembraban temor en las carreteras hondureñas.

Las preguntas son las mismas: quién organizó la emboscada, quién disparó y por qué, 18 años después, las cuatro muertes siguen sin una respuesta judicial definitiva.

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