Lo que parece un mensaje religioso, una bendición o incluso una recomendación “de confianza”, puede ser en realidad el inicio de una estafa. En Honduras, delincuentes están utilizando la imagen de sacerdotes para vender productos en redes sociales, engañando a decenas de personas.
La advertencia no viene de rumores ni de denuncias aisladas. La Conferencia Episcopal de Honduras encendió las alertas tras detectar la circulación de contenido falso en el que supuestos religiosos promueven medicamentos, muebles y otros servicios.
En un contexto donde la fe sigue siendo un punto de referencia para miles de familias, el engaño se vuelve más efectivo… y más peligroso.
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“Ninguno de los sacerdotes vende productos”
El mensaje de la Iglesia fue directo, sin espacio para interpretaciones: “Ningún Obispo de Honduras y ningún sacerdote católico está realizando campaña de venta de medicamentos, de muebles u otros productos o servicios”.
La institución dejó claro que se trata de una usurpación indebida de identidad con fines fraudulentos, y confirmó que estos hechos ya fueron denunciados ante las autoridades competentes.
Pero el daño ya comenzó a expandirse en redes sociales, donde estos perfiles logran captar la atención —y la confianza— de usuarios desprevenidos.

Redes sociales: el nuevo rostro de la estafa
Los estafadores no improvisan. Usan videos, imágenes y mensajes cuidadosamente construidos para parecer legítimos.
Simulan campañas, apelan a la fe y crean una narrativa creíble que termina en una oferta: comprar, donar o confiar. Es allí donde ocurre el quiebre.
La Conferencia Episcopal insistió en que cualquier contenido de este tipo carece de legitimidad y no tiene vínculo alguno con la Iglesia Católica en Honduras.

No es fe, es fraude
El llamado es claro: no creer, no compartir y no comprar. “Exhortamos a todos a mantenerse atentos para no caer en engaños y, bajo ninguna circunstancia, dar credibilidad a estos mensajes falsos”.
Porque detrás de cada perfil falso de sacerdotes, hay una estructura que busca aprovecharse no solo del bolsillo… sino de la confianza.
En un país donde la fe mueve comunidades, hoy también está siendo utilizada para engañar.
Y cuando el fraude se disfraza de milagro, el riesgo no solo es perder dinero… es perder la confianza en lo que muchos consideran sagrado.
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