No nació en Honduras, tampoco era hondureño, pero durante años hizo que muchos lo creyeran.
Mientras las autoridades intentaron seguirle el rastro, Alexander Zacarías Herrera Hernández construía una organización criminal que movía toneladas de cocaína, desataba guerras entre bandas y acumulaba poder en las rutas del narcotráfico del Caribe costarricense.
Para mantenerse oculto, utilizó identidades falsas y documentos hondureños que le permitieron moverse con libertad.
Así levantó un imperio criminal que terminó llamando la atención de la justicia estadounidense.
La historia de su caída no comenzó con una sentencia, comenzó con una mentira.
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El falso hondureño que se vivía detrás de otros nombres
Durante más de una década, Herrera logró escapar de la justicia pese a tener una notificación roja de Interpol activa desde 2012.
Las investigaciones revelaron que utilizó distintas identidades y documentación hondureña falsificada para evitar ser detectado.
Mientras las alertas internacionales acumulaban polvo en los sistemas policiales, él seguía operando.
No era un simple traficante, las autoridades costarricenses lo identificaron como uno de los principales líderes de "La H", una organización que surgió en Limón y que rápidamente alteró el equilibrio criminal de la provincia.
Su objetivo era controlar corredores estratégicos para el movimiento de cocaína y ganar influencia sobre la Terminal de Contenedores de Moín, una infraestructura clave para las organizaciones dedicadas al narcotráfico internacional.

La banda que convirtió a Limón en una zona de guerra
El crecimiento de "La H" no pasó desapercibido y según las investigaciones, la estructura criminal introdujo una violencia distinta a la que tradicionalmente se observaba en la zona.
Ya no se trataba únicamente de ajustes de cuentas entre rivales, sino de ataques armados en espacios públicos, enfrentamientos abiertos y métodos cada vez más brutales para eliminar adversarios y sembrar miedo.
Su irrupción provocó una feroz disputa con "La T", otra estructura criminal que buscaba controlar los mismos territorios.
La guerra entre ambas organizaciones convirtió barrios enteros en campos de batalla y solo durante 2024, los enfrentamientos dejaron más de 60 homicidios y colocaron a Limón en uno de los períodos más violentos de su historia reciente.
Detrás de muchas de esas disputas había una misma motivación: el control de la cocaína.
La ruta que conectó Colombia, Costa Rica, Honduras y Estados Unidos
Los documentos judiciales estadounidenses describen una operación que iba mucho más allá de Costa Rica.
Según los expedientes, la cocaína la proveyó el Clan del Golfo de Colombia y posteriormente la trasladó a través de distintos países centroamericanos antes de continuar hacia Estados Unidos.
Herrera admitió que usó Costa Rica y otros territorios para facilitar el movimiento de los cargamentos.
Uno de los episodios mencionados en la investigación señala que entre julio y agosto de 2021 se coordinó el traslado de aproximadamente 3.000 kilogramos de cocaína que posteriormente se recibieron en Honduras por un colaborador de la DEA.
Las autoridades también documentaron el uso de depósitos clandestinos en Limón y Cahuita para almacenar droga antes de enviarla a otros destinos.

El nombre que apareció junto al de un exmagistrado
La figura de Herrera también cobró relevancia por aparecer vinculado en los expedientes que dieron origen al proceso de extradición del exmagistrado y exministro costarricense Celso Gamboa.
Según la documentación judicial, Herrera o su hermano Guillermo Gilberto Herrera Hernández dieron pagos que oscilaban entre 200.000 y 500.000 dólares para facilitar operaciones relacionadas con el tráfico de cocaína.
Los registros indican además que existió colaboración para movilizar cargamentos que posteriormente siguieron ruta hacia Honduras.
Los testimonios de colaboradores fueron piezas clave para reconstruir la estructura de la organización y las conexiones que mantenía dentro y fuera de Costa Rica.
El día que decidió dejar de pelear
La caída definitiva llegó en agosto de 2024 y tras ser detenido en Limón durante un control de carretera.
Las autoridades costarricenses coordinaron su extradición hacia Estados Unidos para responder por cargos federales de narcotráfico.
Durante meses enfrentó el proceso judicial en Texas y finalmente, el 10 de abril de 2026, notificó a la corte su intención de declararse culpable.
Lo hizo sin negociar beneficios con la Fiscalía, no hubo acuerdo sobre años de prisión ni compromisos sobre una pena reducida.
Simplemente aceptó los cargos y posteriormente renunció a varios procedimientos procesales y aceptó su culpabilidad.
El imperio cayó; la sentencia aún no llega
Alexander Zacarías Herrera ya no pelea por demostrar que es inocente, el hombre admitió su participación en una conspiración internacional de narcotráfico.
Ahora espera la audiencia que definirá cuántos años permanecerá en una prisión estadounidense.
La identidad falsa que le ayudó a escapar ya no tiene valor y solo falta conocer la condena que recibirá por el imperio de cocaína.
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