Un Toyota Corolla escondía mucho más que dinero cuando agentes de la Agencia Técnica de Investigación Criminal (ATIC) capturaron a Toño Maquila en Santa Rosa de Copán, el 6 de febrero de 2020.

Dentro de un compartimiento falso aparecieron seis paquetes con 3,032,711 lempiras. Junto al vehículo estaban Marcos Antonio Reyes Santos, alias “Toño Maquila”, y Bryan Ariel Alvarenga Pineda.

Para Reyes Santos aquella captura no significó el comienzo de una historia criminal, era otro capítulo de un expediente que las autoridades construyeron desde hacía años.

Detrás quedaban furgones robados, una acusación por asesinato, un autolote, talleres mecánicos y finalmente cocaína.

El nombre de Toño Maquila atravesó distintos escenarios del crimen hasta terminar asociado a una red de narcotráfico.

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"Toño Maquila", el nombre que ya aparecía desde 2000

Los registros conocidos permiten retroceder dos décadas antes de aquella captura en Copán.

Reyes Santos lo ficharon por robo desde el 20 de enero de 2000, mucho antes de que las autoridades lo identificaran como uno de los mayores distribuidores de droga del corredor centro-noroccidental de Honduras.

Su nombre volvería a aparecer años después, pero relacionado con un delito mucho más grave.

El Ministerio Público lo acusó por el asesinato de Claudia Sarahí Díaz Urbina, de 22 años, ocurrido el 4 de octubre de 2008 en Taulabé, Comayagua.

De acuerdo con los antecedentes sobre el expediente, la joven se encontraba en su vivienda preparando un culto religioso cuando varios hombres llegaron en dos vehículos.

La acusación establecía que Reyes Santos siguió a Claudia hasta una habitación y le disparó. La madre de la joven y una vecina también resultaron heridas durante el ataque.

En septiembre de 2010, un tribunal resolvió enviar a Toño Maquila a juicio oral y público por asesinato.

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De los expedientes a los furgones

Cuatro años después, Toño Maquila volvió a aparecer frente a las autoridades, fue en noviembre de 2014.

La Policía lo detuvo junto a otro hombre en el sector de El Zapotal, San Pedro Sula, mientras presuntamente descargaban mercancía procedente de un contenedor robado.

Dentro había cajas de camisetas y en aquella ocasión, las autoridades lo identificaron como cabecilla de una banda dedicada al robo de furgones, una actividad que colocó nuevamente su nombre alrededor de mercancías y carreteras.

Pero todavía faltaba otro giro.

Los talleres entran en escena

Cuando las investigaciones comenzaron a vincularlo con el narcotráfico, los vehículos dejaron de aparecer únicamente como mercancía robada.

Ahora también los señalaron como herramientas para esconder droga y dinero. Investigaciones difundidas después de su captura de 2020 establecieron que Reyes Santos supuestamente invertía dinero procedente del narcotráfico en un autolote de Siguatepeque y varios talleres mecánicos.

Y los talleres tenían una función que llamó particularmente la atención de los investigadores.

Según las autoridades, allí se acondicionaron compartimientos ocultos en vehículos que posteriormente podían utilizarse para trasladar droga o dinero sin dejarlo a simple vista.

Era el mismo mecanismo que terminaría apareciendo en el vehículo donde encontraron los más de tres millones de lempiras.

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Parte de la droga que se halló escondida a Toño Maquila. Foto: cortesía.

Cocaína entre el centro y occidente

Para entonces, el perfil que las autoridades atribuían a Reyes Santos cambió y ya no lo investigaron únicamente por delitos relacionados con robos.

Las pesquisas lo colocaron detrás de la distribución de cocaína entre Siguatepeque, Comayagua y Copán, dentro de un corredor que permitía conectar distintas zonas del centro y noroccidente hondureño.

Algunos de los cargamentos investigados alcanzaron hasta 10 kilos de cocaína, mientras las autoridades también señalaro posibles conexiones con grupos narcotraficantes establecidos en Copán, Colón y Olancho.

Así, el nombre de Toño Maquila comenzó a aparecer asociado a una estructura con capacidad para movilizar droga, dinero y vehículos.

El autolote y los talleres, según las investigaciones, permitieron introducir una apariencia comercial alrededor de esas operaciones.

El compartimiento que terminó exponiéndolo

El 6 de febrero de 2020, Reyes Santos llegó a Santa Rosa de Copán y las investigaciones establecieron que él y Alvarenga Pineda se encontraban hospedados en un hotel y presuntamente realizarían una transacción relacionada con dinero y drogas.

Entonces apareció el Corolla y al revisar el vehículo, los agentes encontraron el compartimiento oculto y dentro estaban los seis paquetes con más de tres millones de lempiras.

La evidencia no terminó en los billetes, se informó que los análisis también encontraron rastros de cocaína, un elemento que fortaleció la investigación que ya seguían las autoridades.

A Reyes Santos lo procesaron inicialmente por lavado de activos y lo enviaron a la cárcel de máxima seguridad conocida como La Tolva, en Morocelí, El Paraíso.

dinero decomisado
El dinero que se incautó y que según autoridades ascendió a más de tres millones de Lempiras. Foto: cortesía.

21 años al final del recorrido

El 26 de julio de 2022, un tribunal declaró culpable a Marcos Antonio Reyes Santos por lavado de activos, tráfico de drogas y asociación para delinquir.

La sentencia llegó meses después y el 12 de septiembre de 2022 recibió ocho años por lavado de activos, siete por tráfico de drogas y seis por asociación para delinquir.

En total: 21 años de prisión. Además, recibió una multa superior a los tres millones de lempiras y la inhabilitación absoluta durante el tiempo de la condena.

Bryan Ariel Alvarenga Pineda, quien estaba junto a él cuando ocurrió la captura de 2020, tomó otro camino judicial.

Se sometió a procedimiento abreviado y fue condenado por lavado de activos en noviembre de 2021.

Para Toño Maquila, la caída reveló que dentro de aquel Corolla no encontraron cocaína por toneladas ni una fortuna imposible de contar.

Encontraron poco más de tres millones de lempiras suficientes para comenzar a desmontar una trayectoria que llevó al menos dos décadas apareciendo en los archivos de las autoridades hondureñas.

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