En Honduras, los sabores no solo se heredan en la cocina: también se leen. En novelas donde el pan, el maíz y la tierra aparecen como protagonistas silenciosos de la gastronomía.

La literatura hondureña guarda durante décadas las memorias de lo que se come, cómo se come y por qué esos alimentos son mucho más que ingredientes, es la gastronomía hondureña.

Así lo plantea la investigadora Águeda Chávez García, de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras, quien analizó tres obras clave.

"Tierras de pan llevar", "Peregrinaje" y "La guerra mortal de los sentidos", para demostrar que la gastronomía es una herramienta narrativa para entender la identidad y la historia del país.

La ponencia de Chávez: "La literatura, un repositorio de los sabores y saberes de la gastronomía rural hondureña", fue una invitación a leer con el paladar y a saborear con los ojos.

El Seminario Internacional de Cocinas, impulsado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) de México, fue el escenario donde Honduras dejó huella.

Honduras: literatura y gastronomía

En esta investigación, la palabra clave es gastronomía. Pero no se trata solo de recetas. Es el acto de comer como expresión de pertenencia, como símbolo de arraigo.

“La alimentación es un elemento clave en la construcción de la identidad y la memoria histórica de las comunidades”, señaló Chávez.

Desde los tamales en celebraciones hasta el pan que se comparte en el campo, los alimentos forman parte de un lenguaje que se transmite, que narra y que conecta.

La literatura, en ese sentido, es un espejo de los ritmos de vida y de las tensiones culturales.

Las novelas estudian cómo el pan y el maíz no solo alimentan el cuerpo, sino también el espíritu, la narrativa y la nación.

Gastronomía hondureña
La gastronomía hondureña es herencia viva: una mezcla de historia, identidad y sabor. Foto: IHT.

El diccionario como herramienta de cocina

Uno de los aportes metodológicos más curiosos de la investigación es el uso del Diccionario de americanismos.

Así, Chávez construye un repositorio gastronómico literario, lleno de nahuatlismos y términos locales que hablan de cómo se nombra y se vive la cocina en las distintas regiones de Honduras.

“Los términos no son solo léxicos, son culturales. Son herencias, prácticas, significados transmitidos”, explicó.

Un cruce académico que abre apetito

La sesión que se compartió con las antropólogas del INAH, Edith Yesenia Peña y Lilia Hernández Albarrán, evidenciaron cómo la literatura sirve también para reconstruir paisajes, contextos y tensiones sociales.

Peña destacó que la literatura permite ver no solo lo que se comía, sino cómo se vivía, qué se celebró, qué se perdió o se conservó en esos actos cotidianos de preparar y compartir los alimentos.

Hernández, por su parte, resaltó el valor del lenguaje de novela para capturar los ritmos de vida, y cómo esas narrativas ayudan a entender el cambio, la permanencia y las complejidades de la cultura hondureña.

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Más que sabores, una narrativa de país

Para Águeda Chávez, esta línea de estudio se inscribe en una corriente más amplia que despegó en los años noventa, especialmente tras el éxito de "Como agua para chocolate", de Laura Esquivel.

Esa novela mostró cómo la comida se volvió metáfora y estructura narrativa. Desde entonces, explicó, la gastronomía sirvió como análisis literario y no deja de crecer.

En los textos hondureños, la investigadora halló un patrón claro: el pan y el maíz aparecen de forma reiterada como núcleos simbólicos.

Pan que representa trabajo y fe. Maíz que remite a origen y pertenencia. Gastronomía que, al narrarse, se vuelve herencia.

Menú académico con sabor centroamericano

La próxima sesión del seminario está programada para el 5 de agosto, con la ponencia Cocina y religión.

Honduras en este menú académico dejó una huella: mostró que la cocina también se escribe, y que al leerla, descubrimos quiénes somos.