En la Villa de San Francisco, los vecinos aprendieron a no hacer preguntas. Cualquier comentario podía llegar a oídos de quienes andan armados, listos para intimidar o disparar con un arsenal.

Las miradas esquivas en las calles hablan de un temor que no se dice en voz alta, pero que todos comparten: el de que un tiroteo irrumpiera en cualquier momento.

Ese peligro no era imaginario. Las denuncias que llegaron a la Policía Militar del Orden Público confirmaron que en la zona operan gatilleros con capacidad de fuego letal, dispuestos a extorsionar, asaltar y “marcar” a quienes se resistan.

El arsenal de “El Jefe”

El primero en caer fue El Jefe, de 28 años. Llevaba consigo un fusil AK-47, pistolas calibre .40 y 9mm, más de 300 proyectiles calibre 7.62, cargadores listos para disparar y dos chalecos con la leyenda “Policía Nacional”.

Cada pieza de ese arsenal prohibido no era solo un delito: era una amenaza real de que, en manos equivocadas, la violencia podía escalar hasta lo irreparable.

“El Flaco” y la pistola “mata policías”

Su compañero, El Flaco, apenas tiene 16 años, pero porta un arma que lo ponía al nivel de cualquier sicario veterano: una pistola FN Five-Seven, conocida como “la mata policías”.

Esta es un arma que por su capacidad puede perforar blindajes. También llevó un cargador con 16 proyectiles y un celular que podría revelar más de sus movimientos.

Que un adolescente tuviera acceso a esa arma encendió todas las alarmas: la línea entre juventud y crimen organizado se borró.

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Lo que se evitó en La Villa de San Francisco

Las municiones, los cargadores, las armas y el equipo decomisado ya están bajo custodia.

Según los investigadores, este arsenal de guerra no era para exhibirse, sino para usarse.

El operativo de la Policía Militar evitó que esa amenaza se concretara. En la Villa de San Francisco, muchos creen que la captura de El Jefe y El Flaco no solo detuvo a dos hombres armados: salvó vidas que quizá nunca sabrán lo cerca que estuvieron del peligro.