La amenaza no llega en forma de huracán ni de tormenta tropical. El Centro de Estudios Atmosféricos, Oceanográficos y Sísmicos (Cenaos) confirmó el inicio de una fase extrema del fenómeno El Niño, conocida como “Niño Fuerte” o “Godzilla climático”.
Esa es una condición climática que podría marcar los próximos 365 días con sequías prolongadas, temperaturas elevadas y una creciente presión sobre las reservas de agua del país.
La advertencia encendió las alarmas porque no se trata de una variación climática común.
Los especialistas consideran que esta etapa tiene el potencial de afectar simultáneamente la agricultura, la ganadería, la generación de energía y el acceso al agua potable para millones de hondureños.
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Godzilla climático: un enemigo que no se ve, pero golpea todos los días
A diferencia de otros fenómenos naturales que dejan destrucción visible en cuestión de horas, la sequía avanza lentamente.
Sus efectos se acumulan con el paso de los meses hasta convertirse en una crisis que impacta la economía y la vida cotidiana.
Las lluvias registradas durante las últimas semanas no logran compensar el déficit hídrico acumulado en distintas regiones del país.
Como consecuencia, los racionamientos de agua afectan a miles de familias que dependen de sistemas de abastecimiento cada vez más presionados.
En muchas comunidades, especialmente en zonas vulnerables, conseguir agua ya representa una lucha diaria.
La llegada de un período seco prolongado podría agravar aún más esa situación.

El Corredor Seco vuelve a quedar en primera línea
Si existe una región donde las advertencias climáticas se traducen rápidamente en preocupación, esa es el Corredor Seco hondureño.
Los productores agrícolas conocen bien el impacto de las lluvias irregulares y saben que puede significar la pérdida de cosechas de maíz y frijol, dos de los alimentos básicos en la dieta nacional.
Para las familias campesinas, la falta de lluvia no solo afecta la producción. También golpea los ingresos, incrementa la inseguridad alimentaria y obliga a muchas personas a buscar alternativas para sobrevivir.
"Estamos preocupados por la amenaza del fenómeno Godzilla, hay temor de pérdidas en cultivos", dice Carlos Paz, productor de la región centro de Honduras.
Menos agua también significa más presión sobre la energía
El impacto de una sequía prolongada no se limita al campo. Los embalses que alimentan parte de la generación hidroeléctrica del país dependen directamente de los niveles de lluvia.
Si las precipitaciones disminuyen durante meses, la capacidad de producir energía también puede verse afectada.
Además, niveles bajos en los embalses suelen reducir el margen de maniobra de las autoridades para enfrentar períodos de alta demanda eléctrica.

El llamado antes de que llegue lo peor
Los expertos sostienen que la preparación debe comenzar ahora y no cuando los efectos sean evidentes.
El uso responsable del agua, la protección de fuentes hídricas y la planificación de actividades agrícolas aparecen entre las principales medidas para enfrentar un fenómeno.
Mientras Honduras observa la evolución del clima, la advertencia de Cenaos deja un mensaje claro: el país podría entrar en uno de los períodos más difíciles de los últimos años en materia de disponibilidad de agua.
Si las proyecciones se cumplen, el llamado “Godzilla climático” no será recordado por la fuerza de sus lluvias, sino por la ausencia de ellas.
Pero también, por las consecuencias que esa escasez podría dejar en millones de hogares hondureños.
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