El ciclo agrícola de granos básicos en Honduras en 2025 avanza entre retos climáticos, vaivenes de precios y cambios en los patrones de consumo.
Tras un 2024 golpeado por intensas lluvias y la tormenta tropical Sara, el país enfrenta un escenario donde la producción de granos básicos será menor a la esperada.
Aunque la FAO advierte que hay signos de resiliencia en los agricultores y en las dinámicas de acceso a los alimentos.
El escenario
La cosecha de maíz correspondiente a la temporada de postrera (que representa cerca del 20 % de la producción anual), finalizó en enero de 2025 con resultados por debajo del promedio.
El exceso de lluvias a finales de 2024, especialmente tras la llegada de la tormenta Sara en noviembre, afectó severamente los cultivos en su etapa final de desarrollo, causando pérdidas importantes en zonas estratégicas como Olancho y Santa Bárbara.
Con este telón de fondo, la siembra de maíz de la temporada principal de 2025 inició con cierto optimismo señala el informe de la FAO.
Las lluvias de abril, superiores a lo habitual, ayudaron a recuperar la humedad del suelo, afectada por una intensa sequía y altas temperaturas en marzo.
Según los pronósticos meteorológicos, se espera que el período clave entre mayo y julio cuente con precipitaciones promedio, condición favorable para un buen desarrollo de los cultivos.
Sin embargo, persiste una preocupación: por segundo año consecutivo, se anticipa una leve reducción en el área sembrada.
Esto como producto de la caída de los precios interanuales y el alza de los costos de producción, dos factores que desincentivan a los pequeños y medianos productores.
Importaciones en alza
Ante las dificultades en la producción interna, Honduras tendrá que depender aún más de las importaciones.
Se estima que para la campaña comercial 2024/25, las compras de cereales en el extranjero principalmente a Estados Unidos alcancen las 1,46 millones de toneladas, un 15 % más que el promedio de los últimos cinco años.
Esta alta dependencia refleja dos realidades: la creciente demanda de trigo y arroz por el aumento poblacional.
Y segundo, la fuerte necesidad de maíz amarillo por parte del sector agroindustrial, especialmente para la fabricación de concentrados para animales.
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Los precios
El comportamiento de los precios de los principales granos muestra una tendencia variada, aunque en general más manejable que en años anteriores.
El precio del maíz blanco, uno de los alimentos más esenciales en la dieta hondureña, registró una caída interanual del 5 % en marzo de 2025.
La razón: una combinación de importaciones abundantes y una cosecha que, a pesar de los estragos climáticos, fue superior al promedio en 2024.
Desde agosto del año pasado, los precios bajaron de manera continua, estabilizándose en los primeros meses de 2025.
En contraste, el frijol rojo enfrenta otra realidad. Su precio mayorista aumentó por cuarto mes consecutivo en marzo, situándose un 7 % por encima del nivel del año anterior.
Esta alza responde a dos factores principales: una caída del 60 % en las importaciones de frijol entre septiembre de 2024 y febrero de 2025.
Además de recordar que exisitó una producción nacional afectada severamente por las lluvias de Postrera.
El arroz, por su parte, mantuvo precios estables durante el primer trimestre del año, aunque ligeramente más altos (un 5 % más) que en 2024.
Esto debido a una producción interna reducida, señala el informe que publicó la FAO en relación al panorama agrícola hondureño.
En suma, el campo hondureño muestra signos de resiliencia, pero necesita apoyo para sortear los nuevos desafíos que plantea un entorno climático y económico cada vez más impredecible.
