La seguridad alimentaria vuelve a encender las alarmas en Honduras y no llega con ruido, pero avanza por los cultivos resecos, las milpas perdidas y los hogares donde cada vez hay menos que poner sobre la mesa.
Hasta 750 mil hondureños podrían necesitar asistencia alimentaria entre julio y agosto de 2026, según una proyección de la Red de Sistemas de Alerta Temprana contra la Hambruna (FEWS NET).
El dato lo retoma la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de las Naciones Unidas (OCHA) en su más reciente Resumen de Situación para América Latina y el Caribe.
La cifra coloca a Honduras entre los países centroamericanos que enfrentan mayores riesgos por el deterioro de las condiciones climáticas.
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Seguridad alimentaria en Honduras: la alerta detrás de la cifra
El informe señala que las lluvias registradas a inicios de junio de 2026, no fueron suficientes para compensar los déficits acumulados durante los últimos meses.
FEWS NET advierte que gran parte de las zonas productoras de granos básicos de Centroamérica recibirían menos del 45 % de la precipitación histórica promedio durante buena parte de la temporada agrícola.
En Honduras, la preocupación ya no es una proyección lejana, el documento indica que ya se observan resultados de Crisis (Fase 3 de la Clasificación Integrada de la Seguridad Alimentaria en Fases, CIF).
Eso significa que los hogares tienen déficits en el consumo de alimentos, lo que se traduce en una desnutrición aguda alta o superior a la media.
Y eso ocurre en el Corredor Seco y en el departamento de Choluteca, una de las regiones más vulnerables a los períodos prolongados de sequía.

Corredor Seco y Choluteca, en el centro de la preocupación
Durante años, las comunidades del Corredor Seco conviven con pérdidas recurrentes de cultivos de maíz y frijol, migración forzada y reducción de ingresos familiares.
La nueva advertencia apunta a que esas condiciones podrían empeorar. Según el informe, los servicios meteorológicos regionales prevén una canícula prolongada.
Ese período seco que se presenta a mitad del invierno centroamericano, anticipa temperaturas entre dos y cuatro grados centígrados por encima del promedio en la vertiente del Pacífico.
Ese escenario amenaza directamente la producción agrícola de subsistencia, de la que dependen miles de hogares rurales.
Sequía y calor elevan el riesgo de hambre
La seguridad alimentaria suele medirse mucho antes de que aparezcan imágenes de escasez.
Comienza cuando una familia cosecha menos de lo esperado, continúa cuando disminuyen las reservas de maíz o frijol y se profundiza cuando los precios suben y los ingresos no alcanzan para compensar las pérdidas.
Por eso, la advertencia de hasta 750 mil personas necesitadas de asistencia alimentaria no describe únicamente una posible emergencia humanitaria.
También refleja la fragilidad de miles de hogares que dependen del clima para producir lo que comen.

Honduras enfrenta una presión creciente sobre sus alimentos
Mientras la región está pendiente de la temporada de lluvias, la alerta del FEWS NET coloca sobre la mesa una realidad incómoda.
Para cientos de miles de hondureños, el problema no será únicamente cuánto llueva, sino cuánto alimento podrán llevar a sus hogares en los próximos meses.
Y cuando la preocupación de una familia deja de ser la próxima cosecha para convertirse en la próxima comida, la crisis ya empezó a sentirse mucho antes de aparecer en las estadísticas.
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