La salida masiva de hondureños hacia los Estados Unidos se convierte en una preocupante realidad diaria.
De acuerdo con la Comisión de Acción Social Menonita (CASM), entre 500 y 800 ciudadanos, en su mayoría jóvenes, abandonan el país cada 24 horas, buscando un futuro lejos de la violencia, la pobreza y la falta de empleo.
“Ha sido una constante en los últimos 10 años, y nos muestra que quienes más se están yendo son los jóvenes”, lamenta Nelson García Lobo, representante de CASM.
Los departamentos de Francisco Morazán, Cortés, Yoro y Santa Bárbara encabezan la lista de las zonas con mayor número de hondureños que se van.
Pobreza y cierre de maquilas
Karen Valladares, coordinadora nacional de la organización Cristosal, señala que la crisis económica, incluida el cierre de maquilas, ha agravado el éxodo.
“No son solo 500 u 800 personas, posiblemente el número aumente, y es común que se vean picos migratorios en épocas festivas como diciembre”, explica Valladares.
Los expertos también subrayan el desplazamiento interno que precede a la migración internacional.
“En Cristosal atendemos diariamente a personas desplazadas por la violencia, el crimen organizado, los desalojos forzados y la extorsión. Sin opciones, muchos terminan dejando el país”, agrega Valladares.
Represión estatal y persecución
Además, denuncian que la represión por parte de autoridades, incluidas Policía y fuerzas militares, está forzando a más hondureños a emigrar.
“Relatos de abusos y persecuciones están empujando a poblaciones vulnerables, incluidos defensores de derechos humanos, a buscar refugio fuera de Honduras”, advierten desde Cristosal.
El panorama es tan sombrío que incluso familias con hijos estudiando en el extranjero les aconsejan no regresar.
“No se están atacando las estructuras que generan esta migración. Aunque existe una ley y una política migratoria, no han mostrado resultados reales”, concluye Valladares.
Para los especialistas, la falta de una democracia segura y la vulneración de los derechos humanos bajo el estado de excepción agravan la situación.
“Es una dinámica confusa y peligrosa. Las personas prefieren arriesgarse en rutas migratorias peligrosas antes que continuar viviendo en condiciones insostenibles en Honduras”, sentencian.
