Las festividades patrias en Honduras comienzan el 1 de septiembre con la celebración del Día de la Bandera, este día es especialmente significativo por el Himno a la Bandera de Honduras, escrito por el poeta Augusto C. Coello.

Septiembre es un mes de gran relevancia para los hondureños y países vecinos, ya que marca la independencia de Honduras y otros países de la región. Para honrar el mes patrio y el Día de la Bandera.

El destacado escritor y poeta hondureño, Augusto Coello, es conocido por componer himnos cívicos como el Himno Nacional de Honduras y otros temas patrióticos, su obra ha sido reconocida por su rica poesía dedicada a la patria.

En 1915, el Presidente Alberto Membreño declaró oficial el Himno Nacional de Honduras, compuesto por Coello. Este himno, conocido como el Canto a la Bandera, incluye 10 estrofas y un coro, celebrando el orgullo nacional.

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Historia de la Bandera Nacional de Honduras

La Bandera Nacional de Honduras es el símbolo patrio más destacado del país, representando su rica historia y unidad. El Decreto Legislativo No. 84-95, emitido el 23 de mayo de 1995 bajo la presidencia de Carlos Roberto Reina, estableció oficialmente el 1 de septiembre como el Día de la Bandera en Honduras.

Antes de este decreto, el Día Nacional de la Bandera se celebraba el 14 de junio. La bandera hondureña fue creada el 16 de febrero de 1866 durante la presidencia de José María Medina. El diseño fue encomendado a Manuel José Arce, quien se inspiró en la bandera de la Antigua Federación Centroamericana.

La Bandera Nacional consta de tres franjas horizontales iguales:

  • azul turquesa en la parte superior e inferior
  • Blanca en el centro, con cinco estrellas azules turquesas en el centro de la franja blanca, representando la unión y la identidad nacional.
Bandera Nacional
La Bandera Nacional de Honduras y sus colores representativos.Foto: Internet

Letra del Himno Nacional de Honduras

¡Oh! Bandera esplendorosa, ¡Oh! Bandera sacrosanta... Cuando subes lentamente, Cuando subes majestuosa sobre el asta y a los besos aromados de la brisa, te despliegas como un ala que se tiende bajo el cielo, temblorosa y agitada. Me imagino que de pronto en un ímpetu iniciarás la parábola de un vuelo milagroso por la comba inmensa diáfana, y me finjo que es tu vuelo como el vuelo azul de un águila sobre nieves sempiternas; Sobre cumbres milenarias que los siglos, que los siglos y la nieve hicieron blanca. Tú has cruzado los caminos de los astros aclamada por las hurras de las épicas legiones el estrépito feral de la batalla, el canglor de la victoria y los aurcas estridencias de la fama Tú has cruzado los caminos de los astros a los vientos de la guerra desplegada. Por las manos del epónimo caudillo, que en las gestas legendarias a galope victorioso por las cumbres o las fértiles cañadas, frente al pasmo de los siglos escribiera, con los rayos de su espalda, la epopeya resonante de la Gloria, la epopeya de la Gloria y de la Patria. Te conocen las auroras sonrosadas, cuando en éxodos errantes por los riscos y los páramos ondeabas, cobijando las cabezas de los héroes que en falanges apretadas y sonámbulos de sueños imprecisos, con la planta ensangrentada iban siempre tras la Tierra Prometida en la inútil ansiedad de su esperanza. En los rojos mediodías a través de las ciudades domeñadas, por las calles tumultuosas bajo de arcos y guirnaldas, al estruendo de las vivas y el clamor de las campanas, por las calles tumultuosas triunfalmente desfilabas... en los rojos mediodías, que el incendio de los soles abrillantan resaltaban los colores, tus estrellas, del combate entre las rojas llamaradas. Y te han visto los crepúsculos dolientes, de la noche frente al ara, tras el termino sangriento de la lucha despiadada.. Con los pliegues desgarrados desmayada y macilenta sobre el asta, como garza adormecida que ha ocultado su cabeza bajo el ala. Y al cuajarse sobre el campo los crespones de la noche densa y vasta, te han dorado los reflejos mortecinos de las trágicas ciudades incendiadas. Cuántas veces, cuántas veces de retorno hacia la Patria todavía tembloroso y anhelante pleno el pecho de nostalgia escrutando el horizonte, en los ojos puesta el alma, tras el límite indeciso de la tierra tras el límite ondulante de las aguas con las ansias ardorosas de un amante te buscaba... Y evocando tus colores en mi cálido espejismo no atinaba, presintiéndote a lo lejos, si era el cielo con el mar, a la distancia confundidos, o eras tú, Bandera mía, que en la playa como madre que amorosa aguardaba al hijo, me esperabas. Oh! Bandera esplendorosa. Mi Bandera azul y blanco! Cuando subes lentamente. cuando subes majestuosa sobre el asta, y a los besos aromados de la brisa te despliegas como un ala que se tiene bajo el cielo, temblorosa y agitada. Cómo ansío en mis anhelos fervorosos que a los vientos desplegada en la luz de las auroras o en los rayos de la tarde reflejada en tu vuelo al infinito, en tu vuelo prodigioso te elevarás tras las cúspides más altas de la Gloria, tras las cumbres más radiosas de la fama.