Durante la homilía dominical de la eucaristía de este domingo en la Basílica de Suyapa, el cardenal Óscar Andrés Rodríguez reflexionó sobre la historia bíblica de la multiplicación de los panes y enfatizó la urgente necesidad de solidaridad en un mundo afectado por el hambre y la miseria.
El cardenal inició su homilía dominical citando el Evangelio, donde Jesús pregunta a Felipe cómo alimentarán a la multitud hambrienta. Rodríguez destacó que esta pregunta de Jesús sigue siendo relevante en la actualidad, ya que -afirmó- aproximadamente 800 millones de personas en el mundo padecen hambre, una cifra que equivale a casi toda la población de América Latina y más del doble de la zona euro en Europa.
El cardenal Rodríguez explicó que Felipe respondió a Jesús que 200 denarios de pan no serían suficientes para alimentar a todos, demostrando su impotencia ante la situación.
Sin embargo, Andrés, otro de los discípulos, mencionó que un muchacho tenía cinco panes de cebada y dos pescados, aunque dudaba de su capacidad para alimentar a la multitud.
La solución es compartir
De tal manera, el cardenal Rodríguez utilizó este pasaje para enfatizar que, aunque los recursos pueden parecer insuficientes, la solución radica en compartir y en la solidaridad.
Asimismo, criticó la falta de voluntad para solucionar el hambre, señalando que, aunque hay abundante dinero para armas y guerras, no se destinan recursos suficientes para combatir el hambre.
"El dinero sobra para comprar armas y para hacer guerras, pero no para aliviar el hambre del mundo", lamentó el líder de la Iglesia católica hondureña en su homilía dominical.
Entretanto, el cardenal también resaltó la importancia de dar gracias por los alimentos, un gesto que, según él, debe ser inculcado en las familias. Recordó la anécdota de un santo que comparó a los seres humanos con animales, destacando que, a diferencia de los animales, los humanos deben agradecer a Dios por los alimentos.
Sobre los jóvenes...
En su homilía dominical, el cardenal Rodríguez subrayó que la juventud, representada por el muchacho con los panes y los pescados, es una esperanza para el futuro.
"La juventud está ahí y es esperanza", dijo, criticando cómo en la sociedad actual los jóvenes a menudo son vistos solo como consumidores de drogas y vicios.
El líder religioso hizo con un llamado a la globalización de la solidaridad, recordando las palabras de San Juan Pablo II en 1990 sobre la necesidad de globalizar la solidaridad en un mundo donde solo se ha globalizado el mercado. "Hay que globalizar la solidaridad, el verdadero amor, el compartir", insistió Rodríguez.
Por otro lado, también hizo hincapié en la responsabilidad de no desperdiciar alimentos, mencionando que con los alimentos que se desperdician en el mundo, se podrían alimentar a 600 millones de personas. "Cuánta comida va a parar a contenedores de basura", lamentó.
Finalmente, el cardenal hizo un llamado a la unidad y al amor generoso, recordando que Jesús es el alimento de los corazones y de las vidas. "Jesús nos enseña a compartir y a ser solidarios", concluyó, pidiendo a los fieles aprender a amar como Jesús nos ama a todos.
El Evangelio del día
La homilía dominical de este domingo se derivó de la lectura del Evangelio que comprende la siguiente lectura de la Biblia:
Lectura del santo Evangelio según San Juan
Juan 6, 1-15
"En aquel tiempo, Jesús se fue a la otra orilla del mar de Galilea o lago de Tiberíades. Lo seguía mucha gente, porque habían visto los signos que hacía curando a los enfermos. Jesús subió al monte y se sentó allí con sus discípulos.Estaba cerca la Pascua, festividad de los judíos. Viendo Jesús que mucha gente lo seguía, le dijo a Felipe: "¿Cómo compraremos pan para que coman éstos?" Le hizo esta pregunta para ponerlo a prueba, pues él bien sabía lo que iba a hacer. Felipe le respondió: "Ni doscientos denarios de pan bastarían para que a cada uno le tocara un pedazo de pan".
Otro de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dijo: "Aquí hay un muchacho que trae cinco panes de cebada y dos pescados. Pero, ¿qué es eso para tanta gente?" Jesús le respondió: "Díganle a la gente que se siente". En aquel lugar había mucha hierba. Todos, pues, se sentaron ahí; y tan sólo los hombres eran unos cinco mil.
Enseguida tomó Jesús los panes, y después de dar gracias a Dios, se los fue repartiendo a los que se habían sentado a comer. Igualmente les fue dando de los pescados todo lo que quisieron. Después de que todos se saciaron, dijo a sus discípulos: "Recojan los pedazos sobrantes, para que no se desperdicien". Los recogieron y con los pedazos que sobraron de los cinco panes llenaron doce canastos.
Entonces la gente, al ver el signo que Jesús había hecho, decía: "Éste es, en verdad, el profeta que habría de venir al mundo". Pero Jesús, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró de nuevo a la montaña, él solo".
