Monseñor José Antonio Nácher, arzobispo de Tegucigalpa, dijo que hoy es la fiesta de la transfiguración del Señor.

Al venir a misa los domingos dijo: "Subimos como a un monte santo, en el que escuchamos la voz de vida del cielo que se convierte en una lámpara que hace despuntar la claridad del día en nuestros corazones".

Eso dice la segunda Carta de San Pedro, que así como la percepción de una habitación cambia conforme a la iluminación que tenga, así también la percepción de nuestra vida varía, conforme a la luz o la oscuridad que la envuelva.

"Estamos aquí participando en la eucarística dominical y al acabar la misa, al salir, pocas cosas habrán cambiado fuera, pero si muchas, habrán cambiado dentro de nosotros", señaló.

El arzobispo dijo que existe una transformación real y eficaz al participar en la misa porque la transformación ddel mundo no es más que se da sin mas, sino por nuestra propia conversión personal.

La eucaristía

Nácher señaló que la eucarística no significa desentenderse de la realidad; que significa iluminar esta con una luz que vence toda oscuridad.

"Pedro, Juan, Santiago, dijeron que vivieron una experiencia singular que no solo lo sostuvo a ellos, sino a toda una comunidad apostólica para asumir y entender la pasión, muerte y resurrección del maestro", expresó.

"Hay momentos en la vida que tienen una intensidad tan grande que no pueden se comprenden en el momento, pero que llevados a la oración, quedan como experiencias que nos sostienen y orientan por mucho tiempo" explicó.

Durante la homilía dijo que así como los apóstoles fueron tocados por Jesús, nosotros debemos levantar los ojos sin temor para ver a Jesús.

"Venimos a misa porque queremos ver a Jesús, el único que tiene palabra de vida eterna. Cuando los tres appotoles levantan los ojos y solo ven a Jesús es porque al verlo están viendo todo, en él está toda la profecía, la ley y la revelación", dijo.

Ver y escuchar

Al ver y escuchar a Jesús aseguró se cumplen todas las promesas de Dios.

"Ver a Jesus y escuchar a Jesús es ver todo lo que necesitamos ver. Adorar a Cristo eucarística nos permite vernos a nosotros con una nueva luz.

La misa no es espectáculo que observamos, sino, una celebración en la que participamos y en la que hay una nube de luz que nos envuelve a todos.

"Ese es el rostro de los sencillos que como Jesús resplandece de claridad y de paz" finalizó en su mensaje.

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